14 jul 2026

Más allá del ingreso, de promedios, del presente: Desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI

Silvia Morimoto (*)

En este mundo caracterizado por una compleja trama de situaciones y sucesos, existen ciertos consensos respecto a los problemas que debemos atender. La desigualdad es uno de estos.

Por ello, el Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) arroja nueva luz sobre el rostro concreto de las desigualdades, alude a las vigentes y a las nuevas formas en crecimiento en este primer cuarto del siglo XXI. El primer Informe sobre Desarrollo Humano fue en 1990 y desde ese entonces se ha venido ofreciendo este análisis de manera regular por casi 30 años.

Para América Latina y el Caribe, la lectura del informe adquiere gran relevancia, pues las desigualdades han dejado de ser un tema de debate de los foros cerrados, algunas veces de carácter técnico, y ha llegado hasta la protesta callejera activa y prolongada.

Los liderazgos están discutiendo –tanto en instancias políticas, gubernamentales, de sociedad civil y empresariado– cuáles pueden ser respuestas concretas e inmediatas y de qué maneras estas, con el correr del tiempo, pueden ir borrando las huellas de desigualdades con profundas raíces históricas.

Abordar la desigualdad lleva emparejada la lucha por erradicar la pobreza, pero al mismo tiempo es más compleja. Se trata de procesos entrelazados pero diferentes.

Pese a los avances en áreas como salud, educación y condiciones de vida, las necesidades de “muchas personas continúan insatisfechas” y una nueva generación de desigualdades hoy favorece a sectores más ricos. Pero, dichas áreas tienen diferencias significativas internas al considerar la calidad de servicios o recursos.

En Paraguay, la lectura del informe debe hacerse con las perspectivas que han guiado los planes nacionales. Por un lado, cabe reconocer los constantes avances desde el 2013.

Tomando los indicadores de Desarrollo Humano, Paraguay ha pasado a integrar el grupo de países de desarrollo humano alto, cuando desde el inicio estaba entre los de desarrollo medio. Así, su valor de desarrollo humano de 0,588 en 1990 pasó a un valor de 0,724 en 2018, cuando el máximo ideal es 1.

Por el otro, se debe anotar que, en 2018, el IDH de Paraguay es 0,724, cifra inferior tanto al promedio de los países del grupo de desarrollo humano alto (0,750) como para el promedio de Latinoamérica y el Caribe (0,759). En IDH, Paraguay ocupa el puesto 98 entre 189 países y territorios y, en América Latina y el Caribe, se encuentran próximos: el Estado Plurinacional de Bolivia con el puesto 114 y Guyana con el 123.

No basta con hacer lo mismo que antes para atender esos pendientes y continuar el esfuerzo por mejorar. Las circunstancias han cambiado y la ambición por generar nuevas oportunidades va de la mano con cómo lograr un desarrollo sostenible, haciendo una contribución para mitigar y frenar el cambio climático. Lo mismo ocurre con el desafío de las nuevas tecnologías y cómo prepararse para el futuro del trabajo.

El informe señala la necesidad del empoderamiento y la participación. Parte de esas grandes insatisfacciones que hoy se manifiestan tienen que ver con la falta de tener una voz en el ámbito público. Está muy bien buscar las medidas y políticas tributarias y de transferencias adecuadas, pero también hay que ir más allá, responder al deseo de ser partícipe y escuchar las propuestas para promover un desarrollo inclusivo y sostenible, sin dejar a nadie atrás.

(*) Representante residente del PNUD en Paraguay