22 abr. 2024

Más allá del fenómeno Payo

“Nde, che memby, nde la ore salvátaba. Nde emaña ore rehe”. “Vos, mi hijo, vos sos el único que nos va a salvar, sos el único que nos ve”, dice con voz quebrada una anciana desdentada bajo un techo que chorrea lluvia y un entorno que grita pobreza. Ella forma parte del ejército de invisibles detrás de las estadísticas de la extrema pobreza que encontró en Paraguayo Cubas el representante genuino y leal de sus demandas históricas.

Hace una semana se realizaron las elecciones presidenciales en Paraguay. El Partido Colorado logró su reelección de la mano de Santiago Peña con el 42% de los votos. Cifra que ratifica la disciplina del voto duro que hasta el momento es suficiente para ganar comicios. El adversario que parecía iba a darle pelea cabeza a cabeza, quedó en lejano y segundo lugar. La Concertación liderada por Efraín Alegre tuvo un gris desempeño con 830.842 votos (27%).

Payo se convirtió en un primer momento en la noticia principal por su sorprendente tercer lugar con el 23% de los votos, que equivalen a 692.663 ciudadanos, colocándose a solo 4 puntos de la Concertación, que se perfilaba como el principal contendiente del Partido Colorado.

El posicionamiento de Payo generó una hecatombe en los partidos de la oposición. En el PLRA reclaman la cabeza de Alegre y la izquierda asume que hace tiempo perdieron la conexión con las bases populares y su convicción de proyecto antihegemónico. Hugo Richer admitió que el Frente Guasu abandonó su línea. Esperanza Martínez, la única sobreviviente política del FG, evaluó que los 300 mil votos que tuvo el luguismo en el 2018 fueron a Cruzada Nacional, admitiendo que el controvertido líder conectó mejor con su propia gente.

Pero a Payo no le bastó el podio. Él quiere la presidencia y va por ello a fuerza de insultos, desmanes y destrucción si fuere necesario. El 1 de mayo congregó a su comunidad virtual y encendió la chispa de la indignación al denunciar fraude. Sus seguidores de distintos puntos del país respondieron al llamado y salieron a protestar. Rodearon la Justicia Electoral y la crispación se apoderó del ambiente. Efraín Alegre, Euclides Acevedo y otros dirigentes de izquierda, desconcertados por los resultados, lo secundaron y reclamaron auditoría de las actas y el cómputo manual del 10% de las mesas elegidas aleatoriamente en cada colegio electoral del país. Entonces, coronaron al ex senador declarado anarquista y antisistema como el líder de la oposición. La palabra fraude fue el paraguas que los unió con quien los desprecia profundamente, porque también los considera parte del sistema que quiere destruir.

Hasta el momento, la Justicia Electoral, alegando disposiciones de la Ley Electoral, se niega a la revisión del sobre N° 4, que contiene los boletines de voto para comparar si coincide el número de votantes.

Payo juega solo. Tan solo que hasta insulta a sus seguidores y se burla de las quejas de los apresados por manifestarse a su favor. Encabezando una caravana de motoqueiros, se trasladó desde Ciudad del Este en motocarro, mientras interactuaba en las redes sociales y realizaba paradas en las ciudades para insuflar a las masas. Luego de tres días de caravana, la Fiscalía lo imputó por perturbación a la paz pública, amenaza de hechos punibles, impedimento de las elecciones y coacción a órganos constitucionales. El viernes fue detenido en San Lorenzo y derivado a la Agrupación Especializada, acto que transmitió en vivo. Ayer tuvo una audiencia pública, que terminó abruptamente por sus insultos contra el juez Yoan Paul López, al que trató de “inútil, idiota y renacuajo”. Luego le dijo que “está cagado porque el pueblo se les va a ir encima. Inútiles, usted su señoría, renacuajo y todos esos fiscales de mierda van a ir al paredón”, y que lo envíe a la cárcel de Tacumbú para que lo maten. El juez ordenó su prisión preventiva.

UN DESAFÍO AL SISTEMA. “Soy el resultado del voto bronca de este país, no soy el resultado de los que están en un espacio de confort. Soy un accidente, estoy en el estómago de mi peor enemigo, que es el Estado, el sistema”, decía en el 2018 cuando fue electo senador y repartía cintarazos a sus colegas. Entonces ya mostró el futuro, pero la acomodada, enceguecida y corrupta clase política y la egoísta élite empresarial decidieron seguir el festín, lejos de la escandalosa desigualdad que golpea al país.

Payo será una anécdota, decían entonces cuando lo sacaron del Senado.

El sistema lo expulsó. Volvió hecho miles.

Basta con mirar unos minutos sus redes sociales para ver quiénes son sus seguidores. Son los rostros de las frías estadísticas. Es ese 5,6% de la población (414.000 personas), la extrema pobreza que no tiene G. 7.000 (1 dólar) por día para comer. Es ese 24% (1.800.000 personas) que no llegan a G. 27.000 por día para alimentos y servicios. Ellos no están en los actos partidarios sino en los videos que se multiplican en millones en las redes sociales. Es ese ejército de jóvenes que solo encuentra el pan diario en el trabajo informal, que sufre la falta de seguridad social y la humillación del transporte público, la precariedad del sistema de salud y la pésima educación pública. Son los que no encuentran respuestas en las instituciones porque la democracia es una cáscara vacía que beneficia a los mismos de siempre.

Por eso es absurdo que quienes manejan hace décadas el poder político y la riqueza económica ahora se espanten por un monstruo que ellos mismo crearon: la pobreza, la desigualdad, los privilegios de una casta privilegiada son la matriz de liderazgos mesiánicos. De espaldas a la lacerante realidad y alucinados por su victoria, el presidente electo y su caterva de seguidores mantiene el discurso de la captura del Estado. “Solo los colorados tendrán un cargo en el Estado”.

AUTORITARIOS. La situación económico–social es el caldo de cultivo perfecto para un líder violento que proclama la dictadura como sistema de gobierno, soluciones fáciles que suenan mágicas en los oídos de los excluidos que piden comida, pero también castigo para sus verdugos que les robaron la vida y la esperanza de sus hijos.

Paraguay es un país profundamente autoritario que ve con buenos ojos este tipo de liderazgos. Es una de las razones de la permanencia del Partido Colorado en el poder. Un partido que nunca hizo mea culpa por sostener al dictador Stroessner y sus formas de gobernar: “a los amigos todo, a los tibios la ley, a los opositores, palo”.

Por ello, los que ganaron deben dejar de mirarse al ombligo y empezar a mirar más allá de sus internas, sus revanchas y sus negocios.

Payo es el árbol. La desigualdad es el bosque. Será demente, anarquista, fascista, violento, pero en este momento es la voz de miles de personas expulsadas del sistema a quienes hay que visibilizar y dar respuestas.

Porque es tan autoritario y reduccionista creer que encarcelarlo a él y a sus seguidores apagará la chispa que puede convertirse en estallido si sigue gobernando con el individualismo y la voracidad de siempre.

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