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Mar adentro: Fe y obediencia en el apostolado

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 5, 1-11. Pedro llevó a cabo lo que el Señor le había mandado, y recogieron tan gran cantidad de peces, que la red se rompía. El fruto de la tarea que se hace guiados por la fe es abundantísimo. Pocas veces –quizá ninguna– Pedro había pescado tanto como en aquella ocasión, cuando todos los indicios humanos señalaban la inutilidad de la empresa.

El papa Francisco en una de sus misas matutinas en la Capilla de Santa Marta dijo: “Cuando el Señor pasa en nuestra vida nos dice siempre una palabra y nos hace una promesa. Pero nos pide también que nos despojemos de algo y nos confía una misión. Comentando el episodio de la «pesca milagrosa» narrado por Lucas (5, 1-11) en el pasaje evangélico proclamado durante la liturgia, el Pontífice recordó a san Agustín, quien «repite una frase que siempre me ha impresionado. Dice: “Tengo miedo cuando pasa el Señor”. ¿Por qué? “Porque tengo miedo de que pase y no me dé cuenta”. Y el Señor pasa en nuestra vida como ha sucedido aquí, en la vida de Pedro, de Santiago, de Juan».

En este caso el Señor ha pasado en la vida de sus discípulos con un milagro. Pero, como puntualizó el Papa, «no siempre Jesús pasa en nuestra vida con un milagro». Aunque «se hace siempre oír. Siempre».

Estos tres aspectos del paso de Jesús en nuestra vida –nos dice «una palabra que es una promesa», nos pide «que nos despojemos de algo», nos encomienda «una misión»– están bien representados en el pasaje de Lucas. El Santo Padre recordó en particular la reacción de Pedro al milagro de Jesús: «Simón, que era tan sanguíneo, fue a él: “Pero Señor, aléjate de mí que soy pecador”.

Lo sentía verdaderamente, porque él era así. ¿Y Jesús qué le dice? “No temas”». «Bella palabra esta, muchas veces repetida: “No tengáis miedo, no temáis”», comentó el Pontífice, añadiendo: «Y después, y aquí está la promesa, les dice: “Te haré pescador de hombres”. Siempre el Señor, cuando llega a nuestra vida, cuando pasa en nuestro corazón, nos dice una palabra y nos hace una promesa: “Ve adelante, valor, no temas». Es «una invitación a seguirle». Y «cuando oímos esta invitación y vemos que en nuestra vida hay algo que no funciona, debemos corregirlo» y debemos estar dispuestos a dejar cualquier cosa, con generosidad. Aunque «en nuestra vida –precisó el Papa– haya algo de bueno, Jesús nos invita a dejarla para seguirle más de cerca. Es como sucedió a los apóstoles, que dejaron todo, como dice el Evangelio: “Y sacando las barcas a tierra, dejaron todo y le siguieron”».

La vida cristiana, por lo tanto, «es siempre un seguir al Señor». Pero para seguirle primero hay que «oír qué nos dice»; y después hay que «dejar lo que en ese momento debemos dejar y seguirle». Finalmente está la misión que Jesús nos confía. Dice siempre: “Deja y sígueme para esto”».

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