Nadie le enseñó nada. Todo lo aprendió por su cuenta. A los seis años ya realizaba complejos trazos de dibujo. Y en la adultez aprendió a esculpir en madera y en piedra sin que nadie le transmitiera las técnicas para hacerlo.
Vicenta Giménez (58) se convirtió en artesana por necesidad, económica y espiritual.
Sus manos siempre buscaron dar forma bella a todo lo que pudiera malearse: las plumas de ganso, con las que elaboraba las carpetas y flores que fabricaba en su juventud y que se exportaban a otros países; las maderas que encontraba en los bosques de Trinidad; las piedras, que conseguía traer de la zona de las Misiones Jesuíticas.
“Un Viernes Santo encontré una hermosa raíz de un árbol antiguo y me obsesioné con llevarla a mi casa”, cuenta. Hasta que lo consiguió. No sabía muy bien para qué la quería, pero luego lo descubrió: algo la impulsaba a trabajar sobre ella. “Un día lluvioso, me puse a tallarla, con un cuchillo viejo y una sierrita para cortar hierro. No tenía herramientas”, reconoce. Así nació un rostro indígena. Con el tiempo fueron surgiendo más y más figuras en otras piezas de madera.
“Me gusta mucho hacer indígenas y esculturas de santos, pero hago de todo. Lo que se me ocurre, porque tengo muchas ideas en mi cabeza”, explica esta artesana que vive en Santísima Trinidad.
Después incursionó en el tallado de piedras. “Me preguntaron si no me interesaban algunas piedras que habían traido de Misiones para hacer un arco y que no habían usado. Entonces las hice traer. Solo tenía un pedacito de madera que usé como martillo, golpeando un clavo, con el que gasté la piedra. Hice un cenicero y adentro el dibujo de un coco como el que está en la Misión Jesuítica. Me salió muy lindo, y así me inicié”, recalca.
Al mismo tiempo que se dedica a sus esculturas, Vicenta realiza sus labores de ama de casa. “Yo siempre tuve que lavar, cocinar, limpiar la casa, la chacra, todo. Pero nunca quise dejar de hacer mis esculturas”, señala.
Muchas de sus creaciones surgen de sus sueños, asegura. La mayoría las realiza sobre piedras y maderas traídas de los bosques cercanos. “A veces me voy al monte a las 8.00 y a las 15.00 todavía sigo allí. Por ahí encuentro pindó, coco, frutas silvestres y con eso me alimento. De ahí rescato piedras y maderas para mis trabajos”, confiesa.
Desde su casa, Vicenta escucha todas las tardes la música que viene de las Misiones Jesuíticas de Trinidad. “Pienso en cuánto habrán sufrido esos indígenas y me pone triste, me duele en el alma. Toda esa historia me inspira”, finaliza.
HOJA DE VIDA
Vicenta Giménez (58) es una artesana de Santísima Trinidad (Itapúa). En 2002 ganó la medalla de oro del Museo Nacional de Bellas Artes por una imagen de San Luis de Gonzaga. Además, obtuvo numerosos premios más y reconocimientos a su labor artística. Quienes deseen contactar con ella y conocer más de sus obras, pueden llamar al (0985) 726-971.
Texto: Silvana Molina
Foto: Fernando Franceschelli.