Por Alfredo Boccia Paz
Usted no tiene la culpa, pero su nombre no ayuda a tomarlo en serio, diputado. Cada vez que lo escribo, el corrector automático de la computadora me cambia la “o” por la “a”. Lo digo con onda, no se enoje. Al menos yo lo tomo muy en serio. Le reconozco que me mete un poco de miedo. No se trata de sus eternos anteojos oscuros, ni de su mirada torva, ni de ese tono de voz algo sórdido. Se trata de la leyenda que lo acompaña. Fíjese bien, diputado, que puse “leyenda”. Le juro que no doy crédito a todo lo que dicen de usted. Su caso me atrae, pero me atormenta la posibilidad de despertar su ira. En fin, allá voy.
No quiero ofenderlo, pero, al escucharlo hablar, sorprende que haya llegado a parlamentario. Tiene usted ciertas dificultades para expresar ideas básicas. Como odio prejuzgar, me tomé el trabajo de averiguar sobre su carrera política. Y descubrí que, como concejal departamental en la era Wasmosy, acumuló el récord de 84 ausencias a las sesiones. Vaya caso de timidez laboral el suyo. Sin embargo, en una aduana fronteriza le fue mejor. Tanto, que logró transformarse en estanciero, propietario de una radio FM y financista regional de la campaña de Duarte Frutos. “Se enriqueció en la aduana de Pedro Juan Caballero y se convirtió en un típico padrino de la mafia”. Por favor, diputado, fíjese que la afirmación está entrecomillada y no me pertenece. Lo dijo monseñor Zacarías Ortiz hace exactamente un año. Si la opinión merece una corrección, que quede claro el destinatario correcto.
Dicen, diputado, que usted se volvió importante en Yby Yaú por haberse convertido en padrino político del narcotraficante Luiz Carlos Da Rocha, alias “Cabeza Branca”. Y que habría sido una orden suya la que determinó que el radialista Enrique Galeano fuera secuestrado y desaparecido el 4 de febrero de 2006. Oiga, diputado, eso no lo digo yo, lo afirma el Sindicato de Periodistas del Paraguay. Y como no está probado, le otorgo el beneficio de la duda. Tampoco me consta que usted albergue y proteja a narcotraficantes y maleantes del Departamento de Concepción como lo afirmó su correligionario Blas N. Riquelme en julio de 2006. ¿Anotó, diputado? Lo dijo don Blas, no yo.
Soy norteño, como usted, Magdaleno. Por eso me entero de que en Yby Yaú se dicen en voz baja muchas más cosas. Hablan del asesinato del ganadero Félix García y lo citan a usted. Hablan de la muerte de un conductor radial de 21 años en 1997 y su nombre vuelve a aparecer. Ojo, diputado, no lo afirmo yo. El primer caso fue denunciado por Pedro Fadul hace un año y el segundo por Mariano Mendoza, hermano del muerto. Aclaro, por las dudas. Guardé los recortes de Última Hora. No es cosa mía, le juro, diputado.
Me queda una duda. ¿Por qué habrán matado a alguien tan inofensivo como “Pirulito” Galeano? En su último día de vida tuvo que empeñar su celular para llevar algo de dinero a casa. La radio FM en la que trabajaba funcionaba en una ruinosa casilla de madera al costado de la ruta 3. Representaba al periodismo más pobre del planeta. Y, sin embargo, sabía algo tan importante que le costó la muerte. Magdaleno, tengo la presunción de que usted sabe algo más que lo que nos ha contado. Debería buscarse un asesor de imagen. Usted mete miedo cuando habla. Pero mucho más cuando calla.