Son las 6.30 y el movimiento de pasajeros y de buses se intensifica en la parada de la línea 30, en el Cuarto Barrio de Luque. Un miércoles de día laboral, el trayecto parece tranquilo aunque la espera se hace larga para muchos que aguardan la salida de las unidades de transporte con la intención de llegar hasta Asunción.
15 minutos después, ya en la avenida General Aquino, los pasajeros, presurosos, suben a la unidades ya abarrotadas y viajan en condiciones peligrosas, quedando en la estribera del vehículo. De ahí no se pasa mientras una buena cantidad de pasajeros descienda en algún destino próximo.
En ese horario, la congestión en el tránsito tiene sus puntos marcados en Madame Lynch y Las Residentas. Allí una buena cantidad de pasajeros va apretujándose para lograr un espacio dentro del vehículo. Tres personas quedan en la estribera del bus de la línea 30 y pelean por sujetarse de la puerta para emprender el viaje.
Una de las estrategias utilizadas por los choferes ?pese a que en el colectivo ya no hay espacio? es sugerir al usuario subir por la puerta trasera. Mientras, los usuarios esperan el bus en curvas peligrosas o en sitios muy cercanos al paso de los vehículos. Las paradas están desprovistas de protección y son improvisadas por los mismos pasajeros.
El trayecto es lento de Luque a Asunción, pero eso no es impedimento para que, a la altura de Madame Lynch y Las Residentas, una unidad de la línea 30 realice una maniobra brusca con la intención de adelantarse a otra de la línea 28 que circula con los pasajeros que van ?colgados? de la estribera en ambas puertas.
Esta situación no es controlada por ningún inspector de tránsito, por algún agente de la Policía Caminera ni por inspectores de la Secretaría del Transporte del Área Metropolitana de Asunción (Se-tama).
La responsabilidad empresarial de sacar vehículos en mal estado y circular abarrotados tampoco está reflejada. La excusa de algunos pasajeros que aguardan subir a algún bus es que no pueden llegar tarde al trabajo y que todos vienen ?repletos?.
LA RUTINA. Es el caso de Blásida Escurra, una pasajera luqueña que diariamente debe llegar al microcentro capitalino a las 7.30, para cumplir su horario de trabajo.
Las dificultades ?son muchas?, asegura, mientras aguarda el ómnibus. Sin embargo, la frecuencia es buena, indica, si no que las condiciones en las que se viaja es lo que la molesta y la mantiene tensa durante el trayecto.
?Viajamos apretados y mucha gente va colgada de la estribera, yo porque me subo antes es que tengo que aguantar los empujones y hacer un viaje largo parada?, relata antes de abordar.
El viaje culmina en aproximadamente 50 minutos y Blásida, un día más, está preocupada. Todos los días sale temprano de su casa pero eso no basta para llegar a hora.
?El viaje es muy largo y no recuerdo haber ido sentada alguna vez. Siempre viajo parada?, se queja mientras intenta subir a un bus en el que ya no hay espacio para nadie. Blásida vuelve, mira su reloj y sabe que llegará tarde.
LAS AUTORIDADES NO REALIZAN EL CONTROL
Pese a que tanto la Setama como la Policía de Tránsito de los municipios están autorizadas a impedir que los usuarios viajen en la estribera del bus, esta es una actividad que no se controla. La ausencia municipal fue justificada por Derlis Velázquez, jefe de Planificación y Operaciones de la Policía Municipal de Tránsito de la Comuna luqueña al recordar que luego de una nota dirigida al entonces intendente municipal Vicente Cáceres, desde el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) se limitó la presencia municipal para los controles en rutas y caminos nacionales, por lo que dejaron de controlar el trayecto que va desde Las Residentas hasta el Km 12. ?Desde hace dos años que no hacemos ese tipo de control?, admite Velázquez.
Desde la Setama manifestaron que en caso de que esta secretaría no realice los controles, la Policía Municipal tiene la potestad de bajar a los pasajeros que viajan en la estribera y debe ordenar al conductor que circule con las puertas cerradas.
?Existe un proyecto en conjunto con una empresa privada para establecer las paradas de ómnibus y el cambio de nomenclatura de las calles, pero tenemos que esperar?, indica Velázquez. ?Antes de la nota del MOPC hacíamos un control permanente de la circulación de las unidades del transporte público, pero eso quedó atrás. Si bien la Caminera debe estar en ruta para los controles, desde hace dos años que no se ocupa del trayecto de General Aquino. Cuando hay algún accidente, al final somos nosotros los que llegamos al lugar y realizamos los trámites necesarios. Ellos no aparecen?, afirma.