Correo Semanal

Los libros en la calle, en crisis y pandemia

Mientras el país arde y la muerte acecha, entre los verdes cerros de Cordillera inauguramos la Biblioteca Callejera número 107 del país y la primera en Atyrá. Una experiencia cultural comunitaria que se contagia positivamente.

Andrés Colmán Gutiérrez
Periodista y escritor
@andrescolman

Todo empezó hace unos años, cuando Aníbal Barreto Monzón, escritor paraguayo y veterano dirigente sindical, caminaba con su esposa por las calles de Clifton, Virginia, Estados Unidos, y les llamó la atención un colorido buzón lleno de libros en medio de una plaza. Observaron que varias personas se acercaban al pequeño estante, que más parecía una casita de muñecas, seleccionaban libros y se sentaban a leer a la sombra de los árboles. Otros traían libros y los intercambiaban con los que había en la diminuta y pintoresca biblioteca callejera.

Aníbal tomó fotos y las compartió en su perfil de Facebook, relatando su experiencia. Agregó una línea que desencadenó una aventura cultural: “¡Qué lindo sería hacer algo similar en el Paraguay!”.

Varias personas que lo leyeron, asumieron el desafío. Pryscila León, una vecina de Lambaré, también apasionada por la lectura, ofreció financiar la construcción de la casita de metal y animó a Aníbal a conseguir los libros. Tras superar algunos obstáculos burocráticos municipales, en octubre del 2018 se inauguró la primera biblioteca callejera en la plaza Ayolas, frente a la Municipalidad, una experiencia que hasta la actualidad funciona con mucho éxito.

“La idea resultó altamente contagiosa, de esos contagios que son positivos, no como los del Covid”, contó Aníbal el sábado pasado, cuando asistió a la inauguración de la Biblioteca Callejera Ñe‘ê Raity, en el barrio San Francisco de Atyrá, que viene a ser la 107 en todo el Paraguay y la primera en este municipio de Cordillera.

CULTURA ABIERTA

La iniciativa de sacar los libros a las calles, a las plazas, a los caminos rurales, con libre acceso para que los vecinos los puedan leer y compartir, constituye toda una odisea cultural, principalmente en este oscuro tiempo de crisis de salud, social, política y económica, que mantiene a mucha gente en cuarentena voluntaria en sus casas.

Hace aproximadamente un año, cuando con mi esposa Desirée decidimos mudarnos a San Francisco, ella tuvo la idea de habilitar una pequeña biblioteca pública en nuestra calle, inspirada en el emprendimiento que llevaban adelante Aníbal y los demás miembros de la activa Red de Bibliotecas Callejeras en el Paraguay.

En el Departamento de Cordillera ya existían ocho bibliotecas de este tipo: cinco en Caacupé, una en Eusebio Ayala, una en Piribebuy y una en Arroyos y Esteros. Cuando compartimos el plan de habilitar la primera de ellas en el municipio de Atyrá, recibimos increíbles muestras de apoyo, tanto de los vecinos de la comunidad, como la de las autoridades locales y de diversas personas e instituciones, que se ofrecieron a donar libros y a acompañar la iniciativa.

Rubén Maciel, un talentoso y dinámico herrero de la compañía Cabañas, de Caacupé, se encargó de fabricar el buzón y un bello banco de lectura, los que instaló en la vereda de nuestra casa, que también funciona como espacio creativo y cultural, en la modalidad de coworking o trabajo compartido. Nuestros vecinos y familiares, Cristian Achucarro y Azucena Colmán, también instalaron bancos de plaza en sus veredas, para ampliar el espacio de lectura.

La Biblioteca Callejera Ñe’ê Raity se inauguró el pasado sábado 13 de marzo, durante un acto en plena calle, cuidando todos los protocolos del modo Covid, incluyendo emotivos momentos artísticos. Los amigos de la Asociación Cultural Jukyty, de la ciudad de Eusebio Ayala, se adhirieron con la danza Alabanza a mi terruño, a cargo de la Academia de Danzas Yvaga Rape, dirigida por la profesora María del Carmen Duarte, además de la exquisita cantante barrereña Chabely Fretes, con la guitarra de Juancho Ojeda, que nos deleitó con Un solo canto, de Lizza Bogado, y la épica canción Acosta Ñu, de Emilio Biggi, en la particular versión que suele entonar en la representación conmemorativa, cada 16 de agosto, en el mismo campo de la histórica batalla de los niños durante la Guerra de la Triple Alianza. Las directivas del café literario Mainumby, de Itauguá, Zuni Leguizamón y Nilda Riquelme, también se sumaron con el dúo cubano-paraguayo de Anya y Canet, que ofrecieron bellas canciones con rítmica raíz tropical.

MÁS BIBLIOTECAS

Un hecho significativo fue la presencia del intendente municipal de Atyrá, Juan Carlos Matto, y del presidente de la Junta Municipal de Cordillera, Juan Ramón Martínez, quienes valoraron el emprendimiento cultural. Matto dijo que se propone habilitar más bibliotecas callejeras en el centro urbano de su ciudad, como en la calle peatonal de los artesanos y en las plazas. También se comprometió a trabajar con los vecinos de San Francisco para el hermoseamiento del entorno paisajístico y ambiental, programando una minga o jornada de trabajo para este sábado 20.

El momento más emotivo fue la intervención de Aníbal Barreto Monzón, el principal iniciador e impulsor de la Red de Bibliotecas Callejeras. “De a poco estamos derribando el mito de que a los paraguayos no les gusta leer”, indicó Aníbal, quien valora que en menos de tres años se hayan podido establecer más de cien bibliotecas callejeras en ciudades tan diversas como Asunción, Lambaré, Luque, Pilar, Coronel Oviedo, Ciudad del Este, Concepción, Ypacaraí, Villeta, Piribebuy, Quyquyhó, Caacupé, Eusebio Ayala, Arroyo y Esteros, Itauguá, además de Atyrá.

La más reciente se está instalando en estos días en el local del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente Juan Max Boettner (Ineram), para ofrecer material de lectura y distensión a los familiares que permanecen acampados, acompañando a sus seres queridos internados por Covid-19.

Tras la inauguración de la Biblioteca Ñe’ê Raity, los libros han empezado a moverse con dinamismo.

Jóvenes, niños y adultos concurren a buscar libros, o se quedan a leer en el lugar.

Al principio, algunos muestran cierto recelo en apropiarse de los materiales, dudando de que estén disponibles sin costo alguno, hasta que se animan y entran en confianza. Entonces se inicia un estimulante proceso cultural.

Las indicaciones que impartimos en un cartel visible son: 1) Elegí un libro y sentate a leer aquí (podés traer tu tereré y tu sándwich). 2) Llevá un libro y dejá otro a cambio. 3) Tomá prestado un libro y llevalo a leer, con el compromiso de devolverlo, para que otros también lo lean. 4) Doná más libros para enriquecer la biblioteca.

Así que, ya saben: Si pasan por San Francisco, Atyrá, acérquense a conocer nuestra biblioteca callejera.




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