Opinión

Los garroteros de Aquino se quedaron sin trabajo

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

La situación más dramática –y a la vez más heroica– que vivió la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción fue probablemente la de la noche del 12 de setiembre de 1972, cuando una horda comandada por el presidente de la seccional colorada de la Chacarita, Ramón Aquino, atropelló el viejo edificio junto a la Catedral y disolvió a garrotazos un acto estudiantil.

En el patio y los corredores se llevaba a cabo una jornada de solidaridad con Miguel Gauto y Blanca Florentín, estudiantes presos por exigir sus derechos, cuando los gritos de horror ante los golpes a mansalva con los garrotes se extendieron como oleada por todo el recinto universitario.

El seccionalero Aquino narraría en una entrevista que él acudió a "moderar el debate" con sus garroteros, en defensa del gobierno del general Stroessner, y se ganó para siempre el mote de "moderador de la Universidad Católica".

Con el respaldo de la propia cúpula de la Iglesia Católica paraguaya, la UCA era uno de los pocos espacios de libertad y pensamiento crítico ante un régimen tiránico. En sus aulas nacieron movimientos estudiantiles e intelectuales que encendieron antorchas de luz para una época sombría.

Para quienes abrazamos el oficio de informadores, la pionera Escuela de Periodismo creada en 1965 por los jesuitas Francisco de Paula Oliva y José Miguel Munárriz, luego transformada en carrera de Ciencias de la Comunicación, era el modelo de enseñanza de una prensa inquisidora, investigadora y solidaria, que entregó a la sociedad paraguaya profesionales como el gran Santiago Leguizamón, quien prefiriera la muerte física antes que la muerte ética.

Hoy la UCA ya no es lo que era. Aunque un grupo de docentes y alumnos se esfuerza por mantener la excelencia académica y sensibilidad ante la realidad social del país, hay una cúpula que prefiere barrer con docentes y directivos más críticos e idealistas, como ocurrió con el decano de Filosofía y Ciencias Humanas, José Antonio Galeano, desvinculado arbitrariamente de su cargo por el rector Narciso Velázquez. No es solo una cuestión del rector, sino de gran parte de la cúpula de la Iglesia Católica paraguaya, cada vez más alejada de aquella "opción preferencial por los pobres" de sus viejas cartas pastorales.

Probablemente no esperaban la reacción de los alumnos, docentes y funcionarios de la Facultad, que fueron al paro académico en protesta, con la posterior toma de la Facultad y el Rectorado.

Como respuesta, el Consejo de Gobierno de la UCA pasó el caso a la Fiscalía, citando a los alumnos cual delincuentes, negando y castigando lo que antes estimulaban: espíritu crítico, libertad y acción transformadora. Ya no hace falta que vengan las hordas represivas desde afuera. Ahora, los propios directivos de la UCA blanden el garrote. Los garroteros de Ramón Aquino se quedaron sin trabajo.

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