Los médicos, al egresar, desde los tiempos del mismo Hipócrates, hacen un juramento que inicia diciendo: “Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y todos los dioses y diosas a quienes pongo por testigos de la observancia de este voto, que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas mis fuerzas y voluntad”. Es una promesa de poner su ciencia al servicio de los demás sin retaceos de ninguna clase. "... Fijaré el régimen de los enfermos del modo que les sea más conveniente, según mis facultades y mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia”. Hasta aquí el juramento.
Ahora la realidad de los médicos paraguayos del IPS. Gestionan ante el Consejo que se pida al presidente Lugo el veto de la ley de seguro médico para artistas que estos lo pagarán según las reglas previstas en la Ley del Seguro Social del IPS para el servicio doméstico.
Hay que comenzar diciendo que los médicos, o por lo menos casi todos, han egresado de la Universidad Nacional de Asunción, financiada por el Estado, es decir por los contribuyentes que somos todos nosotros.
Hay que preguntar además cuántas veces han pedido a los músicos, autores y compositores que actuaran gratis para financiar compra de materiales o insumos necesarios para que finalmente terminaran jurando por Hipócrates que habrán de retribuir a la sociedad lo que ella les ha posibilitado.
Es probable que la deshumanización de los tiempos modernos les haga olvidar quiénes son los destinatarios de su ciencia.
Es probable, además, que su traición al juramento hipocrático provenga de una absoluta falta de sensibilidad social, de una medicina comercializada que solo está destinada a los privilegiados de la sociedad. Los artistas, hoy y siempre, no están en esta categoría.
Históricamente se han valido de los mecenas, quienes, como una dádiva voluntaria, han solventado sus vidas para que la cultura y el arte no dejaran de cumplir con su misión de mantener y desarrollar el saber popular.
Gracias a los artistas es que la humanidad ha avanzado a niveles cada vez más alejados de la barbarie. Esto no lo entienden quienes se niegan a proveer de algo tan elemental y justo como lo es la atención de la salud. Pero creíamos que en estos tiempos en que el cambio fue el motivo de la sustitución de un modelo de gobierno por otro, estas cuestiones relacionadas a la atención de la salud iba a ser el primer elemento que tenía que ser atendido por el nuevo Gobierno. Los responsables del IPS así no lo comprendieron y, en un franco retroceso, pretenden seguir privilegiando a una mínima parte de la población, a despecho de que la seguridad social, según todas las directrices de los organismos internacionales, incluso de derechos humanos, debe extenderse a la mayor parte de la población.
Los artistas que al cantar y rezar oran dos veces, hace tiempo esperan la oportunidad de que el Estado les reconozca, por lo menos en materia de salud, la seguridad de que los dolores que la naturaleza les depara, sean aplacados con la ciencia de quienes debieran estar al servicio de la humanidad y no al revés.
Antes que reducir asegurados, el IPS debería readecuar sus servicios a una población que indudablemente seguirá creciendo, mal que les pese. Por ello el juramento de Hipócrates aquí se transforma sin pudor alguno en juramento de hipócritas.
Alcides Roa
Presidente de Autores Paraguayos Asociados (APA)
A LOS LEGISLADORES
Los legisladores se autoasignan aumentos de sueldos (aunque lo niegan) y otros beneficios. Los mismos legisladores por tercera vez postergaron la vigencia del impuesto a la Renta Personal (IRP), tan necesario para cubrir las crecientes necesidades del país. Creo que es justo el dicho: “Quien tiene más, debe aportar más"; esto no es patriotismo, es nuestro deber. Esta actitud del Poder Legislativo debe ser reprochada y sancionada, en próximas elecciones, sin mirar a qué partido pertenecen.
¿Quién apagará la insaciable sed de los trabajadores? El veto presidencial, que debe ser uno de sus atributos para equilibrar un Poder Legislativo, cuando produce leyes a su favor, pues, al contrario, se hace dictatorial y perjudica al Paraguay y a todos sus habitantes.
Y que el pueblo decida y elija autoridades que van a aportar al bienestar del Paraguay.
Habrá que contemplar en la nueva Constitución sanciones severas a quienes violan la legislación y prever la destitución de los legisladores que perjudican al país. El poder está en el pueblo, no en el Legislativo
Atentamente,
Antonio J. Braczek
C.I. Nº 980.891