Opinión

Llorando a nuestros muertos

Andrés Colmán Gutiérrez — @andrescolman

Nuestra querida ciudad natal Yhú, entre las verdes colinas del Departamento de Caaguazú, se encuentra aún en estado de shock. Uno de sus pobladores más dilectos, Calixto Salmena Cardozo, fue asesinado en la madrugada del martes 19, en circunstancias que horrorizan por la violencia y crueldad.
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Don Calixto, con 80 años de edad, era uno de los administradores de la estancia ganadera Las Carmitas, de la que comparten propiedad otros parientes, donde se cría ganado y se mantiene una superficie de cultivos, en la compañía San Miguel, a unos 15 km de Yhú.

El lunes a la noche, don Calixto se encontraba en la estancia, junto con el empleado Éver Frutos Zacarías, cuando llegaron de cinco a seis hombres armados, quienes les intimaron con mucha violencia a que entreguen el dinero de una supuesta venta de ganado. El administrador les dijo que no hubo ninguna venta de animales y que no había dinero en el lugar.

Los delincuentes empezaron a golpearlos y a torturarlos. Según los testimonios, además de propinarles golpes con las culatas de las armas a ambos, al anciano administrador le apretaron los dedos de los pies con una tenaza, hasta quebrarlos y cortarlos, exigiéndole que revele dónde ocultaban el dinero. Fueron largas horas de suplicio, hasta que se convencieron de que decían la verdad. Entonces se marcharon, llevando lo que había de valor. Frutos pidió auxilio para llevar a don Calixto hasta el Hospital de Yhú, pero cuando lograron trasladarlo, ya fue tarde. El pobre hombre murió por los terribles daños recibidos.

Conozco a don Calixto desde niño, fue un gran amigo de mi padre, un hombre que supo ganarse el respeto de la comunidad por su laboriosidad. Mi familia tiene un estrecho parentesco político con los Salmena y el drama de su asesinato lo hemos sentido con mucho dolor y tristeza. Nos ayuda enterarnos de que al menos uno de los presuntos asesinos ya fue capturado.

Lo terrible es que lo sucedido no fue un hecho aislado. Desde hace tiempo tenemos noticias de un gran recrudecimiento de la criminalidad y la violencia, no solo en Yhú, sino en varios puntos del país, a medida en que se van relajando las restricciones y los controles tras la larga cuarentena. Se sabía que la crisis provocada por la pandemia del Covid-19 iba a ocasionar también un rebrote mucho más grande de la delincuencia y de la criminalidad, pero los responsables del Gobierno y del sistema de Justicia no demuestran tener ningún plan para contenerlo.

En la región en donde vivimos actualmente, Atyrá, Cordillera, un laborioso vecino, pequeño ganadero campesino, también fue asaltado por cuatro desconocidos armados en plena siesta. El mismo dato equivocado: que, supuestamente, el hombre vendió algunas vacas y había recibido dinero. Al no hallar lo que buscaban, se marcharon tras amenazarlos y haberlos maniatados a él, a su esposa y a sus hijos. El hombre quedó tan asustado que no se animó a hacer la denuncia, porque le dijeron que, en ese caso, regresarán.

Así estamos, lamentablemente. Algo hay que hacer o seguiremos llorando a nuestros muertos. Envío un abrazo grande y mis más sinceras condolencias a la familia Salmena. Mucha fuerza para mis queridos compueblanos yhuenses.

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