30 may. 2026

Las madres necesitan de políticas de Estado que eleven su calidad de vida

Si bien hoy la mayoría de las madres son agasajadas por quienes valoran su trascendencia en la familia y en la sociedad, un gran porcentaje de ellas sufre todavía las consecuencias de la injusta distribución de la riqueza, el machismo, la desatención por parte del Estado y la falta de reconocimiento.

Las mujeres que han traído al mundo a sus hijos son hoy el centro de atención en el Paraguay. Los reclamos y las urgencias de los quehaceres cotidianos se detienen para que ellas reciban las demostraciones de cariño de los que han empezado a mirar la vida a través de los afectos de sus progenitoras, aprendiendo de su natural sabiduría las lecciones más hondas de su existencia.
Más allá de lo que exige el cariño filial, es necesario, sin embargo, admitir que muchas madres son víctimas de injusticias generadas por la pobreza, el desinterés de los gobiernos en su promoción integral, la preeminencia de la mentalidad machista, la injusticia social y otros problemas que afectan directamente su calidad de vida.
De acuerdo al censo nacional de 2002, casi el 30 por ciento de las madres en el Paraguay son también jefas de hogar. Ello significa, en la práctica, cubrir las necesidades de la casa y tomar las decisiones familiares.
La pobreza y la miseria son factores que condicionan su desenvolvimiento y tienen un impacto negativo en el desarrollo de sus historias personales y las de los suyos. Una primera consecuencia es el bajo nivel de instrucción escolar, lo cual les limita el acceso a circuitos en los que pueden encontrar respuestas más pertinentes a su situación.
Al no contar con una educación que les permita enfrentar con mayor solvencia las diversas circunstancias que se les van presentando, su tarea principal es la supervivencia en condiciones cada vez más desventajosas en todos los órdenes.
El cuidado de su salud es también un factor preocupante. En un país donde apenas el 25 por ciento de las mujeres en edad fértil cuentan con un seguro médico, no tienen los canales adecuados para solucionar sus problemas de salud. Un reciente estudio divulgado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) revela que en el Paraguay mueren 174 madres por cada 100 mil nacidos vivos.
La explotación de las madres trabajadoras, traducida en bajos salarios, horarios de trabajo que sobrepasan lo establecido por el Código Laboral, sin seguro médico ni otros beneficios reconocidos por ley, es otro capítulo del mismo drama.
Los gobiernos no han establecido políticas globales de apoyo a las madres. Los esfuerzos a su favor son sectoriales y, a menudo, alcanzan solo a una cantidad reducida. Si se considera que sobre los hombros de las madres descansa buena parte de la célula social básica que es la familia, es necesario que cuanto antes se vean hechos concretos que eleven su calidad de vida y fortalezcan su dignidad.