Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 12, 35-38.
El Señor nos dice una vez más que nuestra actitud ha de ser como la de aquel que está a punto de emprender un viaje, o de quien espera a alguien importante. La situación del cristiano no puede ser de somnolencia y de descuido.
No olvidemos que en la lucha en lo pequeño, el alma se fortalece y se dispone para oír las continuas inspiraciones y mociones del Espíritu Santo. Y es ahí también, en el descuido de lo que parece de poca importancia (puntualidad, dedicar al Señor el mejor tiempo para la oración, la pequeña mortificación en las comidas, en la guarda de los sentidos...), donde el enemigo se hace peligroso y difícil de vencer.
El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy, dijo: “... Comentando la liturgia del día y el Evangelio de san Lucas (12, 35-38) en donde Jesús invita a sus discípulos a ser como los siervos que esperan vigilantes el regreso del señor de las bodas, el Pontífice preguntó: «¿Pero quién es ese dueño y señor, que viene de la fiesta de bodas, a altas horas de la noche?». La respuesta la da Jesús mismo: «Soy yo quien ha venido para servirte».
Jesús —lo confirmó también san Pablo en la Carta a los Efesios (2, 12-22)— es aquel que “vino a servir, no a ser servido”. Y el primer regalo que hemos recibido de él es el de una identidad. Jesús nos ha dado una “ciudadanía, pertenencia a un pueblo, nombre, apellido”. Retomando las palabras del apóstol, quien recuerda a los paganos que cuando estaban sin Cristo estaban «excluidos de la ciudadanía», el papa Francisco destacó: «Sin Cristo no tenemos una identidad».
... concluyó el papa Francisco, preguntarse: «¿Cómo espero a Jesús?». Pero sobre todo: «¿Espero o no espero» a Jesús? Muchas veces, en efecto, también nosotros cristianos “nos comportamos como paganos” y “vivimos como si nada debiera suceder”.
Cada uno de nosotros se debe preguntar: “¿Creo en esta esperanza de que él vendrá?”. Y aún más: “¿Tengo el corazón abierto, para sentir el ruido cuando toca a la puerta, cuando abre la puerta?”.
(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y https://w2.vatican.va).