11 ene. 2026

La rotación y la traslación

Por Caio Scavone | VILLARRICA

Un recurso muy frecuente y ordinario utilizado dentro de la función pública consiste en el traslado de los funcionarios. Apenas se observa que un empleado destapa su inoperancia o el desgano en intenciones de trabajar que tenga, el poco apego a sus obligaciones o de aceptar un acoso, es enviado a otra sección y casi siempre elegida por el mismo infractor para que el nuevo jefe se las vea con el paquete que recibe. Somos como el planeta Tierra con sus movimientos de rotación y traslación.

Está demostrado fehacientemente y feamente que lo único que se consigue es trasladar el problema a otra parte donde el castigado realizará la misma función y el mismísimo papel que venía desempeñando en su hábitat anterior. Y estas transferencias no solamente ocurren en las dependencias públicas. Pasan y arrancan desde la escuela con el cambio de asiento que ordena la maestra a los problemáticos hasta en los ministerios, donde la inutilidad demostrada se perpetúa en el nuevo lugar. Total, el sueldo estatal siempre depende de la carga horaria y nunca se paga por lo que uno produce.

Que yo sepa, no existen en las instituciones del Estado organismos que evalúen en forma constante a estos empleados de tal manera a decidir si la función cumplida es acorde a la instrucción recibida y no dependa del humor del mandamás de turno. ¿Quién, por ejemplo, estima y mide el trabajo de los diputados? ¿Entre ellos? En ese Jurado de Enjuiciamiento parece que juraron para no tener ni juicio.

Los ministros son evaluados más por la prensa que por el Ejecutivo y la prensa, a su vez, recibe las informaciones del pueblo mediante preguntas o encuestas que reflejan mucha subjetividad y no la objetividad y, al final, la objetividad de la prensa, que depende también de intereses creados y verdaderos, es la más aceptada por el público en general y las reacciones del presidente suelen estar influenciadas por este termómetro. Y eso no debería ser así. Menos mal y parece que el ex obispo dejó de usar los mensajes de texto celulares para castigar y despedir a sus buenos ministros.

Somos como el sol, que nos calentamos cada vez más y nos ponemos a presionar cada cinco años por el cambio para seguir haciendo la nada y diariamente forzar los cambios de rotación y cada año la traslación para que igualmente sigamos en el mismo lugar.

En los países de verdad, se plantean proyectos a corto, mediano y largo plazo y los cumplimientos son evaluados de tal manera a que si no se cumplen, el ciudadano responsable es cambiado de cuajo y el que venga continuará hasta llegarse al objetivo.

Acá tenemos unas trenzas floridas entre los propios policías y, ante cualquier acontecimiento delictivo de cualquier naturaleza, los jefes policiales son trasladados a otra región para seguir demostrando inoperancia o la falta de medios para combatir la gran inseguridad que impera y que supera a toda la miserable infraestructura policial. Que conste que también en el Guairá fue trasladado un excelente jefe policial por haber controlado un enorme contrabando de rollos extraídos de las reservas del Ybytyruzú o el caso del comisario Bartolo, condenado en principio por un bruto fiscal de Villarrica a 25 años de prisión por haber liquidado a un feroz malandrín.

Un traslado muy usual es el de los curas, pero por lo menos no son muchos los que colaboran para incrementar y reforzar la escasa densidad poblacional del Paraguay.

Acá, lo mucho o lo poco de bueno que hizo el anterior responsable está siempre todo mal y hay que empezar de nuevo para perder años y dinero que nunca se recuperan. El traslado y la rotación son componentes muy útiles para aquellas personas que no han accedido a nuestros requerimientos amorosos, pero para los inútiles, debe primar el sumario serio y necesario, y lo digo así con rima, mientras no sea mi prima...