04 mar. 2024

La pobreza en educación exige respuestas nuevas y creativas

Ante los graves problemas de recursos económicos que se reflejan en una infraestructura física inadecuada para la enseñanza y la deficiencia de la formación de los maestros, es necesario que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) busque respuestas nuevas, diferentes y creativas. Partiendo de la irracionalidad de la distribución de los locales escolares –muchos de ellos funcionan con muy pocos alumnos o están muy cerca de otras instalaciones educativas públicas–, se puede hacer un reordenamiento territorial de los espacios físicos destinados a acoger a niños y jóvenes. Los centros educativos cercanos y la inversión en transporte pueden ser salidas para acelerar la adecuación de las escuelas y colegios a los requerimientos del presente.

No compadecidos con los limitados medios económicos de la educación de gestión pública y la mala formación de muchos de sus recursos humanos, movidos solo por intereses políticos que desconocen el bien general, varios gobiernos han manejado irracionalmente el MEC.

Aumentar en cantidad antes que en calidad fue un error estratégico atribuible únicamente a gobernantes sin condiciones de estadistas que no consideraron la calidad del gasto en educación.

Tras el derrocamiento de la dictadura, la educación paraguaya se obsesionó por universalizar el ingreso al nivel escolar básico y al medio. La extensión de la Educación Escolar Básica gratuita del sexto al noveno grado fue parte de ese proceso de masificación que ignoraba el componente de calidad.

Fue así como aparecieron escuelas y colegios como hongos a lo largo y a lo ancho del Paraguay. Las más aisladas compañías —las más mínimas unidades poblacionales de los municipios— tuvieron su escuelita. No importó que su techo goteara en los días de lluvia ni que a veces las clases fueran bajo los árboles. La cosa era que los niños fueran a la escuela. De la calidad del contenido del aprendizaje, mejor no hablar.

Ese entusiasmo —que en teoría no estuvo mal, aunque sí en la práctica, por la estafa que constituyó la formación tan precaria de los egresados—, conllevó a la apertura de cientos de institutos de formación docente y fue una “solución” para los bachilleres campesinos ávidos de contar con salarios.

En un momento de la historia reciente hasta se llegó al colmo de permitir la creación de escuelas que estaban muy cerca, a 300 metros unas de otras en algún caso, para no despedir a colorados y dar trabajo a correligionarios de otros colores.

Esta situación de hecho compleja es la que afecta hoy a la educación. Los recursos del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide) y la Excelencia Educativa son insuficientes. Sigue siendo muy difícil superar la pobreza de los locales escolares y los docentes.

Ante esta realidad, es necesario plantear nuevas y creativas respuestas. El MEC tiene que convocar a la gente pensante del país para buscar soluciones más rápidas con los escuálidos medios disponibles.

Valga esta sugerencia como punto de partida: el MEC debe racionalizar su gasto y mejorar la calidad del uso del poco dinero eliminando las escuelas con muy pocos alumnos para llevarlos a centros educativos cercanos que funcionen en locales dignos, bien equipados y servidos por docentes capaces, habilitando servicios de transporte gratuitos para que la distancia no sea una excusa para no estudiar.

En muchos pasajes de la historia de la humanidad, la falta de dinero fue suplida con creces por la voluntad de avanzar, el ingenio y el patriotismo de las personas. En el Paraguay también tiene que ser posible esto.

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