Por Alejandra Vázquez
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Hace 20 años la galería “Técnica” (Gral. Bruguez 761 c/ Herrera) abría por primera vez sus puertas al arte. Mañana, a las 19, para celebrar sus dos décadas de existencia, el local volverá a colgar en sus paredes la colección de una de las artistas plásticas más consagradas del país: Olga Blinder.
“Yo fui la primera en exponer ahí. Mirando hacia atrás veo que en el presente todo es tan diferente, tanto en el ambiente social como en mi propia vida. Ahora ya no busco la aprobación, aunque claro, es maravilloso lograrla”, afirma.
La exposición, que reúne alrededor de 20 cuadros de la artista, lleva –muy convenientemente– el nombre de “Rostros”, algo que Blinder dice es su mayor inspiración.
“El rostro de la mujer es más ‘pintable’. Tiene rasgos más finos y delicados. A lo largo de mi carrera es algo que siempre plasmé en mis cuadros. Así como a veces miramos las nubes y nos parece ver algunas formas, yo me imagino manchas, que son como caras, y que después terminan en cuadro”, dice.
En cuanto a su técnica, Blinder explica que ella no intenta representar fielmente los colores, imitando lo natural. Ella prefiere “interpretarlos”, así que manda a hacer especialmente sus materiales de pintura.
El crítico Carlos Sosa asegura: “La figuración en su obra difícilmente debe ser entendida como simple mecanismo de representación del mundo y sus fenómenos. Es que, en sentido estricto, lo representacional deja de ser mera habilidad técnica, o si se quiere pericia gestual, en tanto sea una vívida y categórica expresión de la energía y el impulso creativos”.
El llamado a pintar. En 1943 Olga Blinder contrajo matrimonio. Tiempo después, dio a luz a un hijo y, cuando este se enfermó, ella entró en un oscuro periodo de tristeza y depresión. Persuadida por su marido, tomó clases de pintura en el Ateneo Paraguayo, con la profesora Ofelia Echagüe Vera. “La pintura siempre fue para mí una terapia desde ese momento. Capaz de curar incluso enfermedades”, revela.
A la pregunta ¿es el arte una pasión para usted?, ella responde: “Más que eso es una vocación. Siento que fui llamada para pintar. Algunos saben bailar, pero por lo visto yo estaba destinada a hacer esto, probablemente incluso antes de nacer”.
No conforme con los cuadros de su creación, Blinder empezó hace alrededor de 30 años el TEI (escuela de arte para niños), que más tarde pasó a ser el Instituto de Arte. “Ahora eso se convirtió en una carrera universitaria, dentro de lo que es el Instituto Superior de Arte”, señala.
Tras dedicarse durante mucho tiempo a la docencia, Olga Blinder ahora está abocada a inspirar a otros. “Mi mayor orgullo es ver los frutos de la semilla que planté”, asegura. Y, con la exposición que se habilita mañana, la artista espera que el público vea justamente eso: el resultado de años dedicados a dar vida a los rostros, y al arte paraguayo.
Un pincel destacado
Olga Blinder nació en Asunción en 1921. De pequeña, ya le gustaba dibujar. Cuando tenía poco más de 25 años estudió en el Ateneo Paraguayo y luego se dedicó a la enseñanza. La artista nunca siguió un modelo específico, sino que creó un estilo propio, en el que priman los rostros femeninos como temática.
Ese carácter innovador es lo que la llevó a formar el grupo de “Arte Nuevo”, junto a figuras como Josefina Plá, José Laterza Parodi y Lili Del Mónico”. “Nosotros cambiamos el motivo de la pintura y empezamos a abarcar otros estilos que no solo incluían paisajes, por ejemplo. Volvimos a trabajar sobre temas abstractos”, cuenta,
Además, el catálogo de su primera exposición individual, escrito por Plá y João Rossi, es considerado como un “manifiesto de la pintura moderna en Paraguay”. Una verdadera pionera.