Opinión

La osadía de las chicas del Cristo Rey

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

¿Cómo se atreven estas chiquilinas...? Se les dijo ningo que no armen mucho quilombo. Se les explicó demasiado bien que se trataba de una broma o de una travesura colegial juvenil, de esas que son tan comunes en la mayoría de los colegios. Gua’u que no. Qué lo que tanto. Se les pidió que no hagan escándalos al pedo, porque solo iban a conseguir enlodar la imagen de la institución y además avergonzarían a sus padres y profesores. Se les advirtió que varios de sus compañeros involucrados en las denuncias de acoso son hijos de personajes con mucho poder en la sociedad –esos que llamamos “hijos de papá”–, y que seguramente sus progenitores no iban a permitir que se les toque así nomás a sus “pobres angelitos”...

Y sin embargo...

Ellas rompieron el molde. Abrieron sus alas. Desataron sus ligaduras. Quebraron el silencio. “Nos quitaron tantas fotos que terminaron quitándonos el miedo”, escribieron en uno de sus expresivos carteles. Y en otro: “El problema no es cómo me visto, el problema es cómo vos me ves: Objeto o persona”.

Las chiquilinas alumnas del Colegio Cristo Rey cometieron la osadía de no seguir callando. Se juntaron. Se sentaron en el patio para lograr que la sociedad educativa se levante. Y con ese acto de protesta organizada hicieron público lo que antes ya habían contado en ámbitos más institucionales, pero no se les había hecho mucho caso: Que varios de sus compañeros varones, aprovechando que ellas son obligadas a acudir a clases en faldas o jumpers como uniforme, se ocultaban bajo las escaleras y tomaban fotos o videos de sus prendas y partes íntimas, con las cámaras de sus teléfonos celulares, y luego las alzaban a un archivo de imágenes en internet, para compartirlas en las redes sociales, con comentarios burlonamente machistas. Algunos incluso armaban carpetas o books digitales sobre cada compañera, en donde las clasificaban con morbosos y ofensivos criterios sexuales.

No deja de ser llamativo que esto ocurra en el Cristo Rey, un colegio jesuita con mucha historia y tradición en la búsqueda de una educación crítica y transformadora para varias generaciones de estudiantes en el Paraguay. Es difícil olvidar el asalto represivo que sufrió la sede educativa en abril de 1976, cuando la dictadura stronista dispuso la intervención del colegio y la destitución de su entonces director, el sacerdote Bartolomé Vanrell, como la expulsión de una veintena de profesores, a quienes se consideraba “subversivos” y “marxistas” por inculcar una educación liberadora, en la línea pedagógica de Pablo Freire y la corriente pastoral adoptada por los obispos latinoamericanos en la Conferencia de Medellín. Tras un año de control dictatorial, el Cristo Rey recuperó paulatinamente su línea pedagógica, manteniéndose en la vanguardia de los avances educativos, principalmente tras la caída del stronismo.

¿Cómo es posible que de aquella gloriosa época de formación de ciudadanos y ciudadanas con valores humanistas y cristianos, hayamos llegado a esta triste etapa de pendejos acosadores sexuales que acechan desde las sombras a sus compañeras? ¿Qué se hizo de las enseñanzas de maestros de una educación solidaria con los más pobres, como la que impartían ilustres jesuitas como Munárriz, Farré, Gelpí, Oliva, Blanch, Montero Tirado y tantos otros?

El Cristo Rey probablemente no ha podido escapar a la crisis de valores que golpea a la sociedad paraguaya, como a la crisis del mismo sistema educativo que hoy nos sitúa en un pésimo lugar en el ránking internacional. Hay que destacar la buena y rápida respuesta de los directivos del colegio en respaldar una investigación fiscal y judicial ante las actuales denuncias, pero también hay que señalar que ante similares denuncias anteriores solo habían respondido con “charlas de orientación” que no frenaron los abusos.

Hoy la valerosa lucha de las chicas del Cristo Rey se extiende a una campaña global por #ColegiosLibresDeAcoso. ¡Las acompañamos solidariamente!

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