09 sept 2026

La inteligencia artificial está a la vuelta de la esquina, según científico

La inteligencia artificial es el futuro de la humanidad y es una opción más segura que la ingeniería genética, aseguró Alexéi Samsonovich, científico estadounidense de origen soviético que se propone crear un robot virtual que sea el mejor amigo del hombre.

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Foto: bbc.com.

EFE


“Ocurrirá tarde o temprano. Ya hemos realizado experimentos y los resultados son halagüeños. El futuro pertenece a las máquinas. Pero ¿seremos capaces de crear una máquina que se comporte como un ser humano? ¿Heredarán las máquinas nuestros valores, nuestro espíritu, nuestros recuerdos, cultura, etc.?”, se pregunta.

El profesor de la Universidad George Mason (Virginia) ha sido reclutado por la Universidad Nacional de Investigación Nuclear (MEPhI, siglas en inglés) de Rusia para crear un software, “el actor virtual”, capaz de interactuar con el hombre y, en un futuro, llegar a comprender las emociones humanas.

“Estamos hablando del futuro. Si queremos controlarlo, debemos ponernos manos a la obra. De lo contrario, llegaremos tarde. Los robots deben ser una extensión de los seres humanos”, insiste.

Samsonovich y su equipo se proponen crear en el plazo de uno o dos años un robot que será capaz de desempeñar diferentes papeles y, en un futuro, dispondrá de inteligencia narrativa y emocional.

“Para ello debemos crear lo que yo llamo un actor cognitivo, creíble e inteligente (BICA por sus siglas en inglés). Este es el punto crítico del gran salto adelante que llevamos tanto tiempo esperando en inteligencia artificial”, asegura.

El científico, nacido en Kiev y que emigró a EE.UU. en 1991, meses antes de la caída de la URSS, recuerda que un teléfono inteligente ya cumple las funciones que antes realizaba: “una cámara de fotos, una calculadora, una linterna, una agenda o una grabadora”.

“Ahora, pensemos que la misma transición es posible a nivel de software”, insiste y recuerda que las capacidades del ordenador son “infinitas”, a diferencia de las capacidades biológicas del cerebro humano, que son “limitadas”.

Así que, en vez de muchos programas de ordenador, agrega, “tendremos un agente que será tu asistente personal, tu alumno o tu profesor”.

“Le harás preguntas o le encargarás una tarea y lo hará por ti de manera correcta y, además, aprenderá de ti como si fuera un estudiante. No solo debe ser amigable, sino que debe ser como un niño que pregunta o busca las respuestas en internet”, resalta.

Ese “actor virtual” interpretará varios papeles, ya que “tendrá en su memoria varios personajes y escogerá el que mejor se adapte a la situación”.

“La realidad es que no puedes relacionarte con el cuerpo del robot, pero sí con su carácter, que no es lo mismo”, matiza.

El “primer paso” para ese robot inteligente será un juego de ordenador “en el que uno de los personajes debe ser salvado por otro”, lo que permitirá al hombre y al actor virtual entablar una relación emocional.

“Yo lo que quiero es alcanzar una situación en la que los jugadores salven al actor virtual sin saber quién es, simplemente por su comportamiento y la confianza que les despierta. Eso requerirá cierto nivel de inteligencia, debe comportarse como un hombre y ser apreciado por otros”, destaca.

Si el jugador “es incapaz de distinguir al robot del ser humano en el mundo virtual, entonces habremos conseguido recrear la inteligencia artificial”, aunque a un nivel limitado.

“El aspecto de la máquina es secundario. Puede tener cualquier forma. No tiene por qué ser humanoide, aunque hacer un robot con forma humana es fácil. Lo difícil es que se comporte como un hombre”, insiste.

La inteligencia emocional y, en menor medida, la narrativa son los objetivos clave para Samsonovich, quien considera que las emociones humanas puede ser plasmadas en ecuaciones matemáticas.

“Puede ser que eso no sea tan difícil como parece. Creo que la misma revolución que ocurrió con Newton puede repetirse ahora. Se habla mucho de comprender emociones pero muy poco de procesar emociones”, apunta.

Pero asegura que “lo primero que debe cambiar es cómo el ser humano ve a los ordenadores, que nunca dejarán de ser máquinas si no cambiamos nuestra percepción”.

“En cuanto las computadoras demuestren la capacidad de sentir emociones humanas y forjen relaciones con las personas, la gente cambiará de actitud y comenzará a verlas como colegas e incluso como nuevos miembros de la sociedad”, apunta.

Niega que los robots puedan representar una amenaza para la humanidad y cree que el peligro proviene “exclusivamente” del hombre.

En cuanto a la falta de creatividad, de sentimientos o la ausencia de alma, responde que si alguien es capaz de definirlo o medirlo con exactitud, un científico diseñará un algoritmo que permitirá al ordenador disponer de esas facultades.

“Como dijo John von Neumann (célebre matemático húngaro): dígame exactamente qué es lo que no sabe hacer el ordenador y desarrollaré un ordenador que lo haga”, señala irónico.

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