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La integración económica del país exige estrategias más inteligentes

En un mundo globalizado, los fenómenos económicos están conectados y es imposible que sus efectos puedan ser aislados. Cuanto más dependiente es un país de los demás, peores son las consecuencias cuando existen problemas. La economía paraguaya tiene como una de sus principales características la volatilidad. Esta situación pone límites a las decisiones de los agentes económicos. En la medida en que la previsibilidad se reduce, las decisiones se tornan más difíciles. Es urgente discutir una estrategia para reducir esta alta dependencia, lo cual implica cambios en la estructura productiva y en la forma en que Paraguay se integra.

Los riesgos y costos de solicitar un crédito, ampliar la capacidad instalada, formar trabajadores, descentralizar las actividades o realizar cualquier cambio que implique aumentan, lo cual aumenta la probabilidad de retracción. Una parte importante de la volatilidad se debe a la inestabilidad política y económica de los países vecinos, ya que tienen una economía mucho más grande y compleja que la paraguaya.

El Paraguay tiene una economía abierta y excesivamente dependiente. Exporta e importa productos de alto peso en nuestro producto interno bruto, por lo que cualquier problema de los vecinos se transmite rápidamente al entorno local.

En el caso de la Argentina se agudiza la dependencia, porque este país es, además, la válvula de escape que tiene Paraguay en su mercado laboral. Una gran cantidad de paraguayos trabajan en la Argentina y envían remesas; es decir, no solo reducen la presión laboral, sino que nos beneficiamos con la recepción de recursos que tienen impacto tanto a nivel macro como micro. Si a esto le agregamos el aporte de la Argentina en temas como salud y educación, ámbitos en los que Paraguay está muy lejos del vecino país, resulta que los daños de los desequilibrios en este país son mayores de los que se imaginan quienes analizan superficialmente la situación.

La muestra de algunos factores que no están en el debate cotidiano es el caso del gas. Los medios de prensa divulgaron esta semana que la crisis política boliviana podría afectar a Paraguay a través de la provisión de gas. Y así, es posible encontrar otros rubros con efectos eventualmente impredecibles. En más de una ocasión, referentes empresariales y políticos minimizaron los efectos posibles de las crisis políticas y económicas en Brasil y Argentina. Sin embargo, tras ocurrir el problema empezamos a sentir su influencia. Otros referentes también señalaron que las crisis en dichos países pueden constituir una oportunidad para Paraguay.

Ninguna de estas premisas se ha cumplido. No hay teoría económica ni evidencia empírica que señale que cuando a algún país le va mal, otros pueden aprovechar la oportunidad o beneficiarse. Esto puede ser coyunturalmente cierto, pero a mediano y largo plazo se diluyen las ventajas y el resultado final es que pierden todos.

Esperemos que Brasil y Argentina logren estabilidad política y económica. Las interconexiones son de amplio alcance y profundidad, por lo que a Paraguay le conviene que su política y su economía funcionen bien. La integración económica es necesaria para el desarrollo. La mayor parte de los países desarrollados han logrado avanzar, gracias a las relaciones constructivas y con alianzas regionales que buscaron beneficios para todos.

En Paraguay, por el tamaño de su economía en relación con la de los países vecinos, es imposible pensar en su desarrollo sin integración regional. Necesitamos dejar de ver las relaciones entre países como juegos de suma cero para avanzar en vínculos en los que la negociación tenga como objetivo que todos ganen. Esto no significa, obviamente, una cesión de derechos ni mucho menos de soberanía, como aconteció recientemente, sino ser capaces de llegar a pactos en los que todas las partes maximicen sus ganancias minimizando sus pérdidas.

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