Correo Semanal

La historia detrás de una foto

 Durante más de 30 años, una foto del periodista mártir Santiago Leguizamón se publicó reiteradas veces, sin que se sepa quién la tomó. Una consulta de realizadores del audiovisual permitió revelar a su autor y conocer anécdotas en torno a la imagen.

  • Andrés Colmán Gutiérrez
  • Escritor y periodista

Hay veces en que una fotografía tomada casi al azar, en medio de un escenario cotidiano, se convierte luego en un documento de época, debido a lo que ocurre a quienes aparecen en la imagen.

Es lo que pasó con el periodista Santiago Leguizamón, trágicamente asesinado por sicarios de la mafia fronteriza el 26 de abril de 1991, en represalia por sus publicaciones críticas, un crimen que hasta ahora continúa impune.

Tras el escándalo de lo sucedido, los principales medios de comunicación apelaron a fotografías de archivo y otras obtenidas en el entorno familiar, para mantener viva la figura del primer mártir del periodismo paraguayo.

Entre ellas, una de las fotos más expresivas, cuya publicación se repite año tras año, es la que muestra a Santiago mirando a cámara desde el asiento del pasajero, en el interior de un auto, sosteniendo un aparato transmisor-receptor portátil de radio o walkie-talkie, mientras otro hombre, de aspecto más joven, sonríe al mando del volante.

A pesar de su reiterada utilización, a más de 30 años del asesinato de Leguizamón, en los medios nunca se había podido conocer quién tomó la foto, ni en qué circunstancias… hasta esta semana.

BUSCANDO AL FOTÓGRAFO

El miércoles, la colega Cecilia Vargas Peña, productora audiovisual de la empresa Kili Videos, me envió la foto de Santiago y me preguntó si acaso conocía a quien pertenece. Con otros colegas, ella está preparando “Sin Censura”, una nueva serie de documentales periodísticos sobre narcotráfico, crimen organizado y otros episodios de la historia reciente, y quería usar la imagen en el póster principal.

Preocupados de no lesionar derechos de autor, le preguntaron a Dante Legui, hijo de Santiago -quien ha ido atesorando un impresionante banco de fotos sobre el periodista-, si conocía a quién pertenece la foto. Dante les dijo que no sabía, pero les pidió que me pregunten a mí, porque suponía que la persona que lo acompaña en la foto era probablemente un periodista de la época.

En realidad, yo tampoco lo sabía, pero prometí ponerme en campaña para averiguarlo. Así que empecé a contactar con queridos colegas, amigos y amigas de Amambay, que habían trabajado con Santiago. Aníbal Gómez Caballero, Marciano Candia y Zulia Giménez me dijeron que no tenían un dato preciso, pero todos ellos identificaron al hombre que acompaña a Leguizamón en la foto como el chofer del capitán Aurelio Sosa, por entonces cónsul paraguayo en la ciudad brasileña de Ponta Porá.

Zulia me dijo después que ella había tomado una foto muy parecida y que en una oportunidad conversaron con José Luis De Tone, por entonces periodista del diario ABC Color, acerca de la autoría de la foto, porque el colega también alegaba haber tomado una foto similar. “Probablemente esa sea la foto de José Luis, tendrías que confirmar con él”, indicó. A los poco minutos, Aníbal también me envió un mensaje de audio, asegurando que la foto había sido captada por De Tone, durante un viaje al Amambay.

Le escribí a José Luis De Tone, quien actualmente disfruta de un merecido retiro en la bella Areguá, tras toda una vida como periodista y fotógrafo del Área Cultural del diario ABC Color.

“Efectivamente, esa foto la tomé en la ciudad de Ponta Porã, Brasil, cuando fuimos con Nizugan a comprar palomas para su show de magia”, respondió. Para certificar su autoría, me envió una ampliación, mostrando cómo su imagen había quedado reflejada en los anteojos de Santiago.

Le trasladé la consulta de los realizadores del audiovisual y me dijo que podían usar la foto libremente, siempre que acrediten al autor.

Esa misma tarde escribí sobre la incógnita revelada, en mi perfil de la red social Facebook. Al poco rato, la interacción de los usuarios permitió conocer varios otros aspectos de la historia oculta detrás de la imagen.

EN BUSCA DE PALOMAS

José Luis cuenta que la foto fue tomada en diciembre de 1990, apenas cuatro meses antes de asesinato de Santiago.

El periodista de ABC había viajado a Pedro Juan Caballero para cubrir el Festival de la Yerba Mate, evento folklórico impulsado anualmente por el empresario Ceferino Miltos, dueño de la industria yerbatera Milmate, con quien Leguizamón colaboraba en la organización.

Uno de los artistas invitados, Juan Bautista Castillo, el recordado mago Nizugan, necesitaba adquirir palomas para su show y entonces Santiago los llevó con un chofer a Nizugan y De Tone hasta una veterinaria en la ciudad brasileña vecina, Ponta Porã, separada de Pedro Juan por apenas una avenida.

El periodista no se separaba de su walkie, manteniéndose comunicado con su emisora Radio Mburucuyá. Tras comprar las palomas, Nizugan y De Tone volvieron al vehículo, donde los esperaban Leguizamón y el chofer. Fue allí donde el periodista de ABC decidió levantar su cámara y tomar la foto, sin imaginar que estaba logrando una de las imágenes más significativas para la posteridad.

De Tone cree que el chofer que los trasladó y aparece en la foto era Pedro Karape Cabral, el fiel secretario de Santiago, el mismo que estuvo con él en el auto el día que lo mataron, pero Aníbal, Marciano y Zulia, certifican que no es así. Se trataba del chofer del capitán Sosa, el cónsul paraguayo en Ponta Porã, quien también solía prestarle su empleado a Leguizamón.

AMENAZAS Y PELIGROS

Un aporte importante la brindó el colega Antonio Pecci, ex editor de El Correo Semanal y actual colaborador: “Me consta que Santiago tenía una especial estima hacia el capitán Aurelio Sosa, por entonces cónsul paraguayo en Punta Porã, ya que en marzo de 1991 (un mes antes del asesinato) fuimos enviados por el Sindicato de Periodistas del Paraguay, el colega Óscar Rubén Cáceres y yo, para expresarle el apoyo del gremio y ver algunas estrategias para mejorar su seguridad personal”.

“Estuvimos a la mañana en la radio, participamos de su programa al aire, donde expresamos el apoyo del gremio de los periodistas a Santiago. Al terminar, ya cercano al mediodía, nos invitó a almorzar. Íbamos a subir al coche Santiago, Óscar y yo, cuando se acerca un funcionario de la radio y le dice algo a Santiago. Subimos al auto y le pregunto si había ocurrido algo. Me contestó: ‘Hubo una llamada telefónica, después que vos hablaste haciendo mi defensa y diciendo que te tenían preparado unos caramelitos’”, relata Pecci.

“Intrigado, le pregunté qué significaba lo de ‘caramelitos’. Mientras iba conduciendo, imperturbable, me explicó que significaban balas. ‘Es el lenguaje que utiliza la mafia para amedrentar...’. Un cierto sudor frío me recorrió el espinazo. ‘Pero no le vayas a dar importancia’, me dijo Santiago, y siguió manejando”.

“Total, que cruzamos a Punta Porã, saludó a un señor que estaba en la puerta del bar O Pato, ‘es mi amigo’ nos dijo, bajamos y almorzamos allí. Al rato subimos otra vez al coche y llegamos a una linda residencia. Era la casa del capitán Sosa, el cónsul, quien nos saludó amablemente. Entendí que había lazos de amistad familiar con los Leguizamón. Le expresamos nuestra preocupación por los rumores de amenazas hacia la seguridad de Santiago y el capitán expresó que pondría todo de su parte para darle el apoyo que podía. Aunque, claro, no era su función específica, ya que él cumplía tareas en la citada ciudad brasileña. Se despidieron con un abrazo y volvimos a casa de Santiago, que era la radio, una construcción amplia, completamente de madera. Seguimos hablando sobre los rumores y amenazas. Nos dijo: ‘A mí no me llaman por teléfono a amenazarme’. Y le inquirimos: ¿Cómo hacen? Su respuesta: ‘Me hacen decir a través de los amigos, pero yo no les doy pelota’. Hablaba del 'turco' (Fadh Yamil) y un cierto empresario paraguayo de frontera, que tenía conexiones políticas”, destaca.

“Santiago era de las personas, tal como yo lo conocía de años atrás, que una vez que sentaba postura, no se apeaba de ella ante el peligro. Nos llevó a la terminal, nos despedimos con un fuerte abrazo y la promesa de mantener el contacto y nuestro pedido que se cuidara al máximo. Un mes después, el 26 de abril, lo asesinaban a plena luz del día en una céntrica calle de la capital pedrojuanina. El país perdía a una gran persona y a un notable periodista por su lucidez y su valentía”, concluye Antonio Pecci.

De Santiago Leguizamón quedó su testimonio de vida y trabajo indoblegable. Esa frase legendaria: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Y esa foto en que se lo ve desafiante, de la que hoy finalmente conocemos a su autor.




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