Opinión

La guerra del cigarrillo

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

Una de las manchas oscuras que el Paraguay arrastra en su imagen internacional es la de ser base de producción de cigarrillos que inundan ilegalmente el mercado negro, principalmente del Brasil, como de otros centros en América, Asia, África y Europa.

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El contrabando de cigarrillos no es nuevo, pero creció durante la dictadura stronista, con tabacaleras que pertenecían a empresarios protegidos del régimen, como los Bo o Domínguez Dibb, asociados con marcas internacionales que, tras la fachada de ventas legales, se beneficiaban de la triangulación ilegal y falsificaciones de marcas. Entre ellos hubo un personaje pintoresco en el Este, Reinerio Santacruz, quien creó la famosa frase de todos los tabacaleros: “Yo vendo legalmente en Paraguay, pero no sé cómo mis cigarrillos aparecen misteriosamente al otro lado de la frontera”.

En 2009, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) publicó una serie de reportajes realizados por Marina Walker (Estados Unidos), Mabel Rehnfeldt (Paraguay) y Marcelo Soares (Brasil), revelando que nuestro país producía el 10% de todo el cigarrillo contrabandeado en el mundo y que el 60% de ese volumen era fabricado por Tabacalera del Este SA (Tabesa), vinculada a quien luego sería presidente del Paraguay, el empresario Horacio Cartes (2013-2018).

En 2014, otra premiada investigación de Mauri Konig (Gazeta do Povo, Brasil), Elvira Soto (El Tiempo, Colombia) y Ronny Rojas (La Nación, Costa Rica) presentó a Cartes como “el Patrón del Tabaco” y aseguró que el contrabando de cigarrillos desde el Paraguay superaba al de la marihuana y la cocaína entre los negocios ilícitos más rentables, con un activo de 200 millones de dólares al año.

Con más de 7 millones de habitantes, el Paraguay produce más de 60 mil millones de cigarrillos por año. Implica que cada paraguayo –incluyendo a los bebés–, deberíamos fumar 27 millones de cigarrillos al día. Obviamente, los dueños de tabacaleras saben que la mayor parte saldrá de contrabando, a través de un esquema bien planificado, pero se defienden con el reiterado argumento: “Yo vendo legal aquí, si cruza la frontera es contrabando para el Brasil, no para el Paraguay”, obviando que el Código Aduanero penaliza igual la entrada o salida ilegal por un puesto no autorizado.

Ahora, una elaborada investigación del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep) revela que la diferencia entre lo que las tabacaleras declaran y lo que realmente producen implica una evasión del Impuesto Selectivo al Consumo estimada en hasta 400 millones de dólares en un año.

El informe mereció un furibundo ataque, con demanda judicial, por parte de las tabacaleras. Lo llamativo (o no tanto) es que también el Gobierno se sumó al ataque contra Cadep, defendiendo a los cigarrilleros, tratando de negar una situación delictiva que es famosa en el mundo, hundiendo aún más la imagen del Paraguay.

Mientras, el encargado de Negocios de EEUU y el embajador de la Unión Europea, junto a organismos científicos nacionales e internacionales, respaldaron la seriedad de la investigación.

Es otra fase de la lucha contra un poder oscuro al que es necesario vencer para construir un país digno.

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