Con un saludo mudo, los habitantes de la mayor necrópolis del país, La Recoleta, dieron la bienvenida a los amantes de la historia paraguaya que se dieron cita en el lugar para revivir el pasado.
A falta de guías, el arquitecto e historiador Jorge Rubiani se ofreció para develar, con la ayuda de un megáfono, las peculiares historias del cementerio a los visitantes, quienes con una curiosidad propia de sabuesos, hicieron suyos los angostos pasillos de La Recoleta, los que se vieron sobrepasados por la gran cantidad de personas que respondieron a la convocatoria de la asociación cultural Mandua’rã.
Buscando la sombra de los árboles de Plutón, los centenarios cipreses del camposanto creado por Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso, allá por 1842, jóvenes, adultos y niños apreciaron los variados monumentos en honor a las personalidades del país.
CAPÍTULOS DE AYER. Desde el panteón, en donde descansan los restos de Juan Bautista Gill, partió la expedición histórica que luego se trasladó hasta una bóveda en la que se guardan los huesos del general José Eduvigis Díaz.
En la Recoleta, las lápidas dan brillo a los panteones opacos y olvidados de varios presidentes de la República, incluso de aquellos que gobernaron antes de 1900. Allí también están los restos de algunas parejas sentimentales de mandatarios, como Madame Lynch, y con ella la tumba de su hija, Corina Lynch y representantes de la cultura, como la profesora Adela Speratti.
ARTE. El recorrido incluyó la descripción de obras de arte de gran valor, desde el punto de vista arquitectónico, cultural y simbológico, como lo es el panteón eslavo, obra de Mateo Talia, que data de 1889.
En el camposanto cada elemento estético no es circunstancial, ya que corresponde a un periodo histórico y cultural determinado.
INCENTIVO. “La gente cuida sus tumbas mientras dura el luto. Lamentablemente, mucha gente las deja abandonadas después. Nadie se encarga de mantener estas cosas. Si se ha dejado destruir el patrimonio urbano en la ciudad, por qué no el cementerio. Esto del cementerio, el Estado ni siquiera sabe que existe”, se quejó Rubiani.
Los visitantes manifestaron su sorpresa por el interés que despertó la visita al sitio, mientras se escuchaban comentarios propios de la ocasión: “Aquí vamos a terminar tarde o temprano”, decía uno; “Lastima que no vimos fantasmas”, bromeaban otros, al terminar el atípico tour.