@cuatrocientero
Hace frío. El pasar de los autos transporta un viento gélido que penetra la piel. Retumban los motores que hacen ecos en la memoria de Eusebio Asunción Cardozo, un maratonista olímpico en los Juegos de Montreal 1976, que con el paso de los años se gana la vida como corredor de apuestas de quinielas.
Ahí estaba, sobre la avenida Félix Bogado y Sauce, sentado en una esquina como lo hace desde hace 34 años. De pronto, se acercan tres personas a las que no tarda en reconocer. Dos de ellas amigos del pasado: Eladio Fernández (ex recordista de los 42 km) y Ernesto Lezcano, Lezcanito, y con ellos Derlys Ayala, la nueva generación de corredores, que como Cardozo logró la clasificación a unos Juegos Olímpicos.
La visita inesperada genera una expresión de sorpresa que solo se puede apreciar en el rostro de una persona tan humilde. Tan pronto como llegaron, empiezan a hablar de sus anécdotas y en lenguaje de corredores, manejando los tiempos, sus marcas, el ritmo de las zancadas.
RECUERDOS. “Nosotros corríamos muchas distancias. En esa época había pocos autos, entonces podíamos correr tranquilamente por las calles”, comenta Cardozo de 65 años. Al rato, lo interrumpe Lezcanito, su único entrenador. “Nosotros corríamos dos horas por la mañana y por la tarde tratábamos de hacer repeticiones”, dice.
Mientras tanto, Eladio Fernández, dueño del récord de maratón hasta que Derlys Ayala se lo arrebatara en noviembre pasado, contempla boquiabierto a un lado y se une a la conversación. “Recuerdo una vez corrimos en una carrera que salió desde el Puente Remanso, yo me estaba iniciando recién y vos (Cardozo) estabas en tu plenitud. Traté de alcanzarte cerca del Jardín Botánico, pero fue imposible esa vez”, dice Fernández.
ELLOS SON LOS HÉROES. Derlys los mira atento sin hablar mucho, escuchando la conversación de los mayores y asienta la cabeza, entendiendo que el fondo no ha cambiado mucho desde la generación de Lezcano, Cardozo o Fernández. Las peripecias siguen latentes, siendo las mismas que él padeció en la previa a su clasificación a Río 2016. Piensa en su interior: “Estos sí son verdaderos héroes, porque con tan poca ayuda lograron cosas impresionantes para el atletismo”, confiesa después.
“Al igual que ellos en los años 70, hoy en pleno siglo XXI, hay muchos corredores con talento que se entrenan como un demonio sin comida adecuada, sin vitaminas y realmente son héroes”, refuerza su comentario.
un pasado fabuloso. Eusebio Cardozo apareció en el atletismo casi sin querer. Jugaba fútbol en las inferiores de Nacional, pero se enteró de que había una carrera por el aniversario de Cerro Porteño, se anotó y ganó en su categoría. Lezcanito lo vio y le dijo que él tenía condiciones. Vaya que sí, dominó casi todas las carreras de fondo en la década de los 70. Fue el primer maratonista en competir en los Juegos Olímpicos en 1976.
En Montreal, ocupó el puesto 43 con tiempo de 2:27’38’’. Fue el mejor sudamericano en esa carrera. “En Canadá me trataron como a un rey, fue mi mejor experiencia”, recuerda con sonrisa.
Sobre qué le dejó el atletismo, recuerda. “El haber conocido otros países, culturas y muchos amigos”. Siguió diciendo con tanta humildad, “Este deporte nunca me dio tristezas, fueron más alegrías y me quedo con eso”, respondió con una sonrisa.
Pero sí pasó momentos muy duros. “Trabaja en una ferretería que hasta hoy está sobre la calle 25 de Mayo. El dueño me dio el permiso para ir a correr en la Argentina, pero al volver el gerente me despidió”, comenta.
Eusebio Asunción Cardozo entregó el testimonio a Derlys, como mensaje final: “Eje cuidá que chera’a” y despidió a sus visitantes, para seguir aguardando al próximo jugador de quinielas.