Economía

La garantía soy yo

 

Durante décadas los brasileños que venían a hacer compras a Paraguay, cuando pedían algún tipo de garantía del bien adquirido, contaban que el vendedor les decía “la garantía soy yo”.

Por más de que no existan los documentos formales de la transacción, la confianza estaba basada en el compromiso personal. En Brasil, esta graciosa frase aún se escucha al mencionar la intención de hacer negocios en Paraguay. Hecho que continúa siendo tan verdadero.

Los índices internacionales sustentan esa actual percepción, cuando Transparencia Internacional nos coloca como uno de los países más corruptos del mundo. Y donde el ránking de Doing Business, del Banco Mundial, evidencia la inseguridad jurídica, la dificultad de ejecutar y hacer cumplir contratos, donde el sistema legal no constituye un marco firme que impone el cumplimiento de la ley entre las partes. En un mundo globalizado, la imagen país no se construye con un bonito video de marca país o un atractivo logotipo, sino se basa en evaluaciones de entidades internacionales a partir de estudios rigurosos y que verdaderamente forman opinión.

Entre nosotros, decimos que el mejor indicador de cómo le va a ir a un extranjero en Paraguay está determinado por quién lo reciba en el aeropuerto. En caso de conflictos, expresamos que es mejor un mal arreglo que un buen juicio. Vivimos en la piel que a las pequeñas y medianas empresas es mucho más severa la exigencia de cumplimiento de las reglas que las aplicadas a grandes empresas, siendo que la ley teóricamente es igual para todos.

Se cree que Paraguay es un país simple y barato, pero no lo es. Aquí toda acción debe necesariamente tener un alternativo Plan B que adiciona costos solo por si acaso. La confiabilidad en el recurso humano requiere un cierto exceso de personal para dar lugar a ausencias, errores, inestabilidades emocionales. Necesitamos sistemas redundantes de suministros básicos, como agua y energía eléctrica. En la empresa debemos pronosticar la provisión alternativa de suministros y un exceso de inventario cuando que si el ambiente de negocios fuese serio y confiable, no lo necesitaríamos. Constantemente pasamos del extremo de estar acelerando a plena potencia a frenar con los dos pies. Paraguay es un ambiente desafiante para relacionarse con quien no se conoce, nunca es fácil de interpretar, nunca es tan transparente como creemos que sea. Difícil saber dónde se está parado, lo que se dice no es, hay que interpretar el silencio. Una combinación propicia para conflictos y malos entendidos. Esta complejidad e inestabilidad requiere de un empresario local muy capaz para sobrevivir.

En nuestro medio continúa siendo la persona el determinante más importante del éxito de cualquier emprendimiento. Importan mucho menos los poéticos contratos por más páginas que tengan, ni el lucrativo potencial de un mercado incipiente y desatendido. En Paraguay, el primer paso es con “quién”, después se piensa en el qué, cómo, cuándo… El exitoso necesariamente es una persona confiable, actúa acorde con lo que dice, con emociones estables, que guarda máxima discreción, extremadamente capaz en juzgar anticipadamente el carácter del otro y hasta predecir su comportamiento, y que con el tiempo ha construido una red de lealtades con quienes hasta las reglas no escritas siempre se cumplen.

Mientras tanto, las sociedades que verdaderamente progresan en el siglo XXI tienen como determinante la confianza en el sistema, en el marco legal que aplica para todos, en la seguridad jurídica que lo escrito se cumplirá, donde las pequeñas y grandes empresas compiten con las mismas reglas. Si no cambiamos nuestra sociedad, nuestro techo de desarrollo continuará siendo muy bajo. Pues los países avanzan sobre normas de cumplimiento universal y a la vez sostenibles en el tiempo.

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