Por Susana Oviedo
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Diana Losada es colombiana. Se desempeña como comunicadora experta en derechos humanos y coordinadora de la Unidad de Información Pública en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Es docente en la cátedra de Periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana. Estuvo en Asunción para contribuir al fortalecimiento de una comunicación con enfoque de derechos y de género, tanto en el sector público como privado. Con ella conversamos sobre el tema que más conoce:
–¿Cómo generar una cultura de derechos en un país donde el tema derechos humanos está ligado a un asunto de las oenegés?
–Se construye desde distintos ámbitos. Uno es el Estado, que es el que tiene que garantizar, proteger y respetar los derechos humanos. Otro es la educación, porque es la sociedad la que tiene que entender que el tema derechos humanos no es un asunto de organismos no gubernamentales, sino que es un tema individual y personal para tener una vida mejor, porque es conocer uno sus derechos. Entonces, para que las sociedades puedan tener más respeto a los derechos humanos, necesitan tener mayor conocimiento de qué son estos.
–Al referirse a educación, ¿a qué etapa se refiere?
–Desde muy pequeños se les debe enseñar a los niños qué derechos tienen y cómo ejercerlos. Es una actividad continua. Los derechos humanos deben incorporarse como materia obligatoria y recordar hechos como el Holocausto durante la II Guerra Mundial. Recordar quiénes murieron en los campos de concentración y por qué eso fue un crimen y no puede volverse a repetir. Este tipo de ejercicios de memoria educativos ayudan a que no se dé el rechazo a los inmigrantes, por ejemplo. Cuando educas a los niños, le incluyes la memoria de lo que ha pasado. Si esto no está en la cátedra de estudio y el niño no sabe siquiera qué pasó en su país ni qué derechos tiene, es como si no le dieras los nutrientes para aprender lo que tiene que aprender con respecto a los derechos.
–¿Y no es elemental también que en la vida cotidiana se vean reflejados los derechos?
–Sí, porque cuando tú tienes permanente acceso a tus derechos, entiendes qué son estos. Estamos hablando del derecho de acceso a agua potable, a la alimentación, a la educación, a la salud, etc. Si sobre estos te añaden la teoría, entonces puedes entender que ese es un derecho y que así como tú puedes alimentarte, los demás también, y que esto es un derecho humano. Pero si además tienes la memoria histórica, aprendes que hubo y hay una lucha de la humanidad para poder conquistar los derechos y para que todos seamos iguales.
Es una combinación académica y cotidiana la que te permite tener más respeto de los derechos humanos a través del conocimiento y de la historia de la humanidad.
–Cuando las necesidades básicas de las personas no están satisfechas, se torna más difícil comprender los derechos... ¿no?
– Obviamente es más difícil ir a una comunidad y hablar de los derechos humanos cuando esta comunidad no tiene acceso a sus derechos y necesita sobrevivir. Por eso también nacen los derechos económicos, sociales y culturales, para darle cabida a los derechos políticos y civiles y que sean todos equiparables, porque si uno tiene acceso a estos derechos económicos, más acceso tiene a los otros.
Sin embargo, las personas que no viven en la pobreza, pero que carecen de la memoria histórica y de los conceptos de derechos humanos tampoco van a entender que su sociedad solo puede desarrollarse cuando no haya esa extrema pobreza y toda la gente tenga acceso a los derechos.
–Aquí en Paraguay, si hay algún secuestro o un atentado contra policías o soldados de la Fuerza de Tarea Conjunta, la gente reclama: ¿dónde están los derechos humanos?, como si de un ente se tratara, y con un tono de reproche. ¿Qué reflexión le merece esto?
–Hay una estigmatización y una mala comprensión de los derechos humanos, porque el primer derecho humano es el derecho a la vida. Todos tenemos derecho a la vida en condiciones de dignidad. Pero también existe el derecho a la alimentación, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, a la educación, al tiempo libre, al juicio justo, a la libertad de expresión y opinión, a la religión. La falta de conocimiento sobre qué son los derechos humanos, que para mí son una serie de normas que te ayudan a vivir mejor y más feliz, hace que la gente los estigmatice o tenga una equivocada amplitud de lo que son estos.
Todos podemos ser defensores de derechos humanos, porque es la única forma en que puedes vivir bien.
Tiene que ver también con parámetros de políticas democráticas. Si trabajas con conceptos de participación, democracia, pues entiendes más el concepto de derechos humanos.
–¿Qué incidencia tienen los medios de comunicación en esa forma de mirar los derechos humanos?
–Los mensajes que salen en los medios de comunicación son determinantes, porque la gente se crea estereotipos. En Colombia también pasa siempre eso que señala que ocurre en Paraguay. La gente dice: “Vamos a llamar a los derechos humanos”, como si fuera que es una persona.
Esto se debe a que los medios han transmitido este tipo de mensaje y hay muy poca pedagogía al respecto, porque si se explica que el acceso al agua es un derecho, o que la alimentación es un derecho, todos terminaríamos siendo defensores de los derechos humanos.
Desde todos los campos de la comunicación hay que visibilizar siempre la responsabilidad que tienen los Estados frente a los derechos humanos, y al mismo tiempo mostrar cómo vive la gente. Pero no como una anécdota, sino buscando cómo se puede cambiar esa realidad de pobreza o injusticia.