02 may. 2026

La encrucijada de nuestra política exterior

Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

La grave situación y la creciente polarización que vive Venezuela, está dividiendo nuevamente a los países de nuestro continente.

La mayoría de las naciones sudamericanas, lideradas por Brasil, han decidido por afinidades ideológicas con el gobierno bolivariano, primero, no inmiscuirse en dicho conflicto y ahora tratarlo en el seno de la Unasur.

Sin embargo, la mayoría de las naciones de América Central y del Norte lideradas por Estados Unidos y por México, han tomado una posición más crítica y desean que dicha situación sea analizada en el seno de la OEA.

La visita de esta semana de los cancilleres de Venezuela y de Uruguay tuvieron, claramente, el objetivo de obtener el apoyo del Paraguay, para que el problema de Venezuela no sea tratado en la OEA, sino en el Unasur.

El Paraguay se ve ahora ante la encrucijada de tener que tomar partido en esta disputa continental. En un artículo escrito por el boliviano Agustín Saavedra Weise, él comentaba en forma jocosa un aviso publicado por el canciller de Rumania en un diario londinense que decía: “Cambio excelente doctrina de política exterior, por una mejor ubicación geográfica”.

Este pensamiento nos sirve para comprender que no se puede formular ninguna política exterior razonable si no se parte de una clara comprensión de la ubicación geográfica del país, de los recursos con los que cuenta y del poder que tiene en relación a los otros países.

Geográficamente, el Paraguay está ubicado en Sudamérica, es un país mediterráneo y tiene salida al Atlántico únicamente por ríos y carreteras que pasan por la Argentina y por el Brasil.

Desde el punto de vista económico, nuestra relación con Brasil es importante porque con ellos tenemos: Itaipú, el enorme comercio de frontera, la gran presencia de inmigrantes brasileños en la producción agropecuaria y ahora la oportunidad de industrializarnos integrándonos a sus cadenas productivas.

Desde el punto de vista social, nuestra relación con la Argentina es también muy importante, porque allí viven millones de paraguayos, porque muchos centros de salud del vecino país atienden a nuestros compatriotas y porque las importantes remesas de dinero que provienen del mismo llegan a nuestra población más pobre.

Por todo esto, el Paraguay está obligado a mantener una relación armoniosa con sus grandes vecinos, buscando el difícil equilibrio de no enfrentarse con los mismos pero sin someterse.

Por otro lado, si miramos más allá de la región, nuestra relación con Estados Unidos es evidentemente muy importante; primero, porque es la superpotencia económica, tecnológica y militar del mundo y, segundo, porque sin ellos es imposible nuestra integración al mundo moderno y globalizado.

Pero también es fundamental nuestra relación con el Asia y especialmente con China Continental, con la cual tenemos que establecer relaciones, si queremos acceder a su mercado de más de mil millones de habitantes.

En este complejo escenario internacional, el Paraguay debe tener siempre muy claro cuáles son sus grandes intereses nacionales y en sus relaciones internacionales, debe defender y proteger siempre los mismos. Pero para que esa protección sea efectiva, tenemos que ser conscientes que somos un país pequeño y, por lo tanto, debemos evitar involucrarnos en las llamadas “peleas de perros grandes”, de las que siempre vamos a salir lastimados.

Recuerdo que en una conversación mantenida con el senador uruguayo Sergio Abreu, él me dijo: “Jugar de chico es un oficio”.

Jugar de chico significa moverse rápida e inteligentemente, en la defensa de nuestros intereses y jugar de chico es tener una política exterior de gran pragmatismo.

Y lo peor que podemos hacer es... ideologizarlo.