08 ene. 2026

La dulzura de la animación japonesa frente a la distopía, en San Sebastián

San Sebastián (España), 22 sep (EFE).- El preciosista cine de animación del japonés Mamoru Hosoda, con “El chico y la bestia” inundó hoy el Festival de San Sebastián de belleza y optimismo frente al futuro distópico de la británica “High Rise” y la rebelión adolescente de “El apóstata”, del uruguayo Federico Veiroj.

El director y animador japonés Mamoru Hosoda posa durante la presentación de su película de animación "The boy and the beast", que compite en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que este año celebra su 63 edición. EFE

El director y animador japonés Mamoru Hosoda posa durante la presentación de su película de animación “The boy and the beast”, que compite en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que este año celebra su 63 edición. EFE

Por primera vez en las 63 ediciones del certamen donostiarra, el anime japonés estuvo presente en la competición oficial con el cine de Hosoda, con una dulce historia tradicional, en contraste con el sexo, la violencia y la locura de las otras propuestas del día.

“El chico y la bestia” es la historia de un niño de 9 años, Ren, que pierde a su madre en un accidente y decide vivir solo ante la imposibilidad de encontrarse con su padre, divorciado de su madre y ausente de su vida.

“Todas mis películas hablan sobre la dificultad de las personas por encontrar su sitio; en las dos anteriores -explica Hosoda, el creador de la popular serie televisiva Digimon-, son niños buscando su identidad”.

Mamoru Hosoda, ampliamente reconocido por su obra “Los niños lobo” (2012), agradeció a San Sebastián la valentía de seleccionar su película para la sección oficial: “Es un honor estar aquí. Ha llegado el momento en el que no hay distinción entre la animación y otra que no lo sea”.

En este largometraje, de dibujos en su mayoría animados a mano, el protagonista es el alter ego de Ren, Kyuta, que vive en un mundo imaginario habitado por bestias que le ayudan a crecer, a madurar y hacerse fuerte valorando la importancia del otro y la necesidad de compartir.

Aunque el mensaje, apunta Hosoda (cansado de explicar que busca su estilo propio al margen del maestro Miyazaki, pero en el que es imposible no pensar al ver la película), es “que todo depende de ti”.

Con un sonido realmente impactante, “El chico y la bestia” se apoya en una ensoñación provocada por la ballena de Moby Dick, un libro que a Hosoda le ayudó a estudiar cuando era niño y que a su protagonista le guía para entender que los principales enemigos están en el interior de cada uno.

Un solo “pero” a su nuevo filme: Hosoda no supo explicar a Efe por qué solo aparece un personaje femenino en la historia, una niña que, además, era un niño en el guion original.

Un cine muy diferente al del británico Ben Whetaley, que agitó la jornada con “High Rise”, la adaptación de una novela de J.G. Ballard en la que la sociedad de un futuro distópico ha quedado reducida a castas que ocupan, según su nivel, una planta del edificio Torre Elysium.

Y en el ático, como no puede ser de otro modo, vive el arquitecto, Jeremy Irons.

Pero fue la neoyorquina Sienna Miller, una de las protagonistas de la cinta, la que puso el punto divertido al festival el sugerir, en una rueda de prensa, que el mejor ocupante para el ático sería “un restaurante de tapas, o mejor, El Bulli”.

La película, que es un reflejo más que fiel del libro de Ballard, gustó mucho al público treintañero del festival, que agradeció a Wheatley su trabajo, si bien buena parte del público de más edad no entendió mucho ese entusiasmo.

“High Rise” es, sin paliativos, un verdadero viaje a la locura y un compendio de excesos donde los personajes encadenan desorbitadas fiestas regadas de alcohol, drogas, sexo y violencia. “Que Dios nos ayude si todo esto se convierte en realidad”, resumió Wheatley.

El último en llegar hoy fue el cineasta hispano-uruguayo Federico Veiroj, que compuso, sin pretenderlo, un alegato a favor de la libertad de las personas de pertenecer o no a un grupo, ya sea una compañía de telefonía móvil, un territorio como Cataluña o la propia iglesia: es “El apóstata” y es una comedia. O casi.

“Yo también soy español y ya adelanto que la película no tiene nada que ver con todo lo que está pasando en Cataluña, pero reconozco que se puede extrapolar a eso; quizá algunos catalanes quisieran apostatar de españoles, o al contrario”, comenta medio en serio, medio en broma el realizador en una entrevista con Efe, feliz de competir con su cinta “en el mejor festival del mundo”.

En “El apóstata” el protagonista “solo quiere que le dejen apostatar, pero no porque haya perdido la fe, sino porque no quiere pertenecer a nada que le sea impuesto, pero no le dejan, y el solo hecho de que no le permitan algo, hace que se motive para hacerlo más enfáticamente”.

Cuenta con un protagonista que no es actor, sino amigo del director, Álvaro Ogalla, y un reparto que incluye a Marta Larralde, Bárbara Lennie, Andrés Gertrudix y Joaquin Climent, además de la participación especial de Vicky Peña.

Por Alicia G. Arribas.

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