Opinión

La danza presupuestaria y el bolsillo del común

Darío Lugo – @darilu1970

Los reclamos esgrimidos por distintos sectores de la sociedad se multiplican cíclicamente en esta época del año, cuando es tiempo del análisis por parte de los legisladores del Presupuesto General de la Nación (PGN), que regirá el próximo periodo. Solo se escuchan voces con pedidos de ampliación, ya que los recursos asignados a algunas instituciones no alcanzan.

En realidad, a veces suena a puro eufemismo lo de “no alcanzan”, ya que todavía la calidad del gasto público merece las más férreas críticas en torno al presupuesto destinado con fuentes genuinas, que finalmente se traduce en asegurar una erogación rígida (salarios para el funcionariado) en su mayor dimensión, y un escaso margen sobrante para las inversiones que necesitan con suma urgencia los estamentos del Estado, con el fin de brindar un servicio de calidad a la población.

Aún superan los 70 guaraníes (por cada 100 guaraníes que se recaudan por la vía de los impuestos) los recursos que cubrirán la obligación de sueldos en el sector oficial, mientras se dejan de lado inyecciones fundamentales de dinero que necesitan los sectores de salud, educación e infraestructura, para nombrar los prioritarios.

En tanto que la acuciante necesidad de fondear proyectos de gran impacto debe ser canalizada por nuevas y recurrentes emisiones de bonos, lo que compromete el futuro de las recaudaciones y el bolsillo del contribuyente, al bicicletearse la deuda con el cumplimiento de los vencimientos. Muchas veces aún no se concreta la ejecución de la obra, que ya se debe apelar al pago de los intereses de esos bonos colocados.

Es para alquilar balcones el despliegue de algunos legisladores, en busca de inflar más el presupuesto para algunas entidades, producto del fuerte lobby para conseguir más asignación presupuestaria, mientras desde el Fisco cruzan los dedos para que no se aprueben a rajatabla esos aumentazos, que ya no calzan en el cada vez más austero PGN y con riesgos de romper la barrera del déficit fiscal.

En el fondo, es cada vez más patente la imposibilidad del Estado de seguir sosteniendo un engranaje anquilosado y deficiente, atendiendo a las reivindicaciones de los sectores que honesta y diariamente ponen el hombro para generar riqueza y sacar adelante al país. Si bien se perciben mejorías en la gestión de algunos entes, aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar un estado de desarrollo en el que las instituciones funcionen como debe ser.

Y más se torna cuesta arriba cuando grupos de presión insertos en el sector oficial aplican fuertes medidas para conseguir aumentos o reajustes, amparados en derechos adquiridos y aprovechando la debilidad institucional de la cúpula que dirige los entes, o bien, pululando en las aguas purulentas del prebendarismo y la maquinaria electoral, ya que siempre se precisa de adherentes cautivos que son afines cíclica y obedientemente a la angurria por el poder de los expertos en decisiones entre gallos y medianoche.

Así como está dado el escenario, algunas entidades y sectores seguirán siendo postergados, ya que su presupuesto no aumentó naturalmente e, incluso, en algunos casos sufrieron recortes, y justamente en áreas fundamentales como el sistema educativo o el segmento de la salud. La condena, en consecuencia, será inapelable al ver que las nuevas generaciones con interés en ingresar al mercado de trabajo continuarán adolescentes hasta de comprensión lectora; o bien, los hospitales y centros de salud mostrarán su imagen de siempre, sin cubrir las mínimas necesidades de la población enferma.

Queda, entonces, una vez más apelar a que el sentido común y el patriotismo cundan en el recinto parlamentario, a la hora de analizar los números y las posibilidades reales de otorgar un presupuesto realista a las instituciones, para que el aporte de los contribuyentes no siga cayendo en saco roto y veamos que el anhelado desarrollo siga alejándose del derrotero paraguayo.

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