El evento supone la primera reunión de América a nivel ministerial sobre el acuerdo no vinculante hasta 2030 adoptado en la ciudad japonesa de Sendai para la prevención de riesgos en los desastres naturales y busca alcanzar una hoja de ruta con objetivos regionales.
“Esta reunión es el comienzo de un nuevo enfoque en el crecimiento de las naciones, en el que nos aseguramos de que la prevención del riesgo en desastres forma parte de la vida diaria de los Gobiernos”, declaró en el acto el representante especial del secretario general de la ONU sobre reducción de riesgo en desastres, Robert Glasser.
El representante de la ONU expuso que América es una de las regiones más expuestas a los desastres naturales, donde “millones de personas están amenazadas por las sequías y las inundaciones”.
Glasser afirmó que las consecuencias del terremoto registrado en Ecuador evidencian el nivel de vulnerabilidad de la región y agregó que la actual emergencia por el virus del Zika también está ligada al cambio climático.
Abogó por comprometer a las naciones en la reducción de las pérdidas económicas asociadas a los desastres naturales y en la disminución de la vulnerabilidad social, a través de estrategias de reducción de la pobreza.
También apostó por la inversión en infraestructuras resilientes, que puedan recuperarse de un desastre natural, así como en estudios de riesgo de desastres.
Además, hizo un llamado a los Estados para establecer las metas regionales dentro del Marco de Sendai para alcanzar objetivos hacia el año 2020.
Por su parte, el titular de la estatal Secretaría de Emergencia Nacional de Paraguay (SEN), Joaquín Roa, subrayó que el país suramericano está comprometido en tres hitos internacionales: los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la ONU para 2030, el compromiso alcanzado en la Conferencia de las Partes sobre cambio climático y el Marco de Sendai.
Sobre este último, Roa destacó la necesidad de los Estados de la región de reducir la mortalidad y el número e afectados por los desastres naturales, así como las pérdidas económicas y los daños en infraestructuras vitales y servicios básicos.
También pidió una mejora en la cooperación internacional en emergencias y un aumento de la disponibilidad de sistemas de alerta temprana ante desastres.
Roa agregó que estos desastres han afectado en los últimos 10 años a más de 1.500 millones de personas en el mundo y han generado unas pérdidas económicas estimadas en 300.000 millones de dólares al año.