El papa Francisco a propósito de la lectura de hoy mencionó: “Las mujeres llevan los aromas a la tumba, pero temen que el viaje sea en balde porque una gran piedra sella la entrada al sepulcro. El camino de aquellas mujeres es también nuestro camino; se asemeja al camino de la salvación que hemos recorrido esta noche.
Hoy, sin embargo, descubrimos que nuestro camino no es en vano, que no termina delante de una piedra funeraria. Una frase sacude a las mujeres y cambia la historia: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lc 24,5); ¿por qué pensáis que todo es inútil, que nadie puede remover vuestras piedras? ¿Por qué os entregáis a la resignación o al fracaso? La Pascua, hermanos y hermanas es la fiesta de la remoción de las piedras.
A menudo la esperanza se ve obstaculizada por la piedra de la desconfianza. Cuando se afianza la idea de que todo va mal y de que, en el peor de los casos, no termina nunca, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento. Piedra sobre piedra, construimos dentro de nosotros un monumento a la insatisfacción, el sepulcro de la esperanza.
Hay una segunda piedra que a menudo sella el corazón: La piedra del pecado. El pecado seduce, promete cosas fáciles e inmediatas, bienestar y éxito, pero luego deja dentro soledad y muerte. El pecado es buscar la vida entre los muertos, el sentido de la vida en las cosas que pasan. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿Por qué no te decides a dejar ese pecado que, como una piedra en la entrada del corazón, impide que la luz divina entre? ¿Por qué no pones a Jesús, luz verdadera, por encima de los destellos brillantes del dinero, de la carrera, del orgullo y del placer? ¿Por qué no le dices a las vanidades mundanas que no vives para ellas, sino para el Señor de la vida?
En una meditación del prelado del Opus Dei sobre la Pasión del Señor, el tema central es “el Mandamiento Nuevo del Señor”, que podemos vivir “en nuestro hogar, cada día, en muchos pequeños actos de amor”.
En la Última Cena Jesús nos dio el mandamiento nuevo: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Y para que quedase bien grabado en la memoria de sus discípulos y en la de cada uno de nosotros, lavó los pies a los apóstoles.
San Juan, en su primera epístola, escribe: “En esto hemos conocido el amor: En que Él dio su vida por nosotros; por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16).
Hoy vemos de un modo especial cómo tantas personas están dando su vida por los demás. Comenzando por los agentes sanitarios que arriesgan su vida por tantas personas que padecen la pandemia. Cargan con el sufrimiento de cada paciente y con el de sus familiares que en muchos casos no los pueden acompañar.
No se limitan a cumplir con su deber, son conscientes que se sostienen gracias a su trabajo generoso. Lo mismo se puede decir de muchas otras personas que, con su ocupación tan necesaria y que quizá pasa inadvertida, colaboran para que el mundo no se pare: Transportistas, cajeros de supermercado, personal de farmacias, policías (...).
Todos podemos colaborar de un modo o de otro, a veces también con detalles pequeños, como escribir mensajes a enfermos o amigos o conocidos que puedan estar más solos. Todos podemos poner iniciativa y creatividad para ayudar, de maneras que estén permitidas por las autoridades, a personas ancianas y más vulnerables.
Pero el mandamiento nuevo del Señor, lo vivimos en nuestro hogar cada día en muchos pequeños actos de amor, que dan paz y alegría a nuestras familias y a las personas que nos rodean. San Josemaría nos da este consejo: “Más que en dar, la caridad está en comprender”.
Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la Cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia. No temáis, con esta invocación saludó un ángel a las mujeres que iban al sepulcro; no temáis. Vosotras venís a buscar a Jesús Nazareno, que fue crucificado: Ya resucitó, no está aquí (Mc 16, 6). Es Cristo que pasa, 102.
(Frases extractadas de http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2019/documents/papa-francesco_20190420_omelia-vegliapasquale.html, https://opusdei.org/es/article/audio-meditacion-del-prelado-el-mandamiento-nuevo-del-senor/ y https://opusdei.org/es/article/la-alegria-de-la-pascua-rezar-con-san-josemaria/)