11 jul 2026

La alegría de ganar una batalla

El tema de la Superintedencia de Jubilaciones era difícil de ganar. Había demasiados intereses económicos en el y ofrecía la posibilidad de repetir la historia por la cual pedimos el desafuero para más de una docena de cargos públicos. Había sido aprobado sobre tablas en diputados. Bastaba que en senadores se retiraran y no hubiera cuórum para que la semana que viene automáticamente acabara al plazo de poderlo frenar.

A favor del pueblo estaba que le tocaba un punto clave: toda la vida trabajando con la esperanza de poder vivir y tener luego una jubilación y esta apeligraba. La plata de la jubilación de acuerdo a la ley que se presentaba podía ser sacada por el Superintendente con superpoderes y ya no volver. En circunstancias parecidas hay 500 millones de dólares y el Estado no los devuelve. Además de otros que nunca ha pagado de fondos jubilatorios.

Por eso no nos extraña en absoluto que en todo el país hubiera movilizaciones y la de Asunción fue realmente grandiosa. La mayoría de los senadores que hablaban se refirieron a las expectativas que “en la plaza tenía el pueblo”. No creo que por amor a él quienes lo engañaron por el fraude. Más bien por un cierto temor y por sentirse ilegítimos en la senaduría. Un mínimo de prudencia les aconsejaba no “quemarse” antes de tiempo.

Bueno, el resultado final fue acogido con una alegría grande: se rechazaba la ley y más tarde despacio se volvería a estudiar para corregir todos los defectos que tenía.

Y con un añadido que antes le faltaba en absoluto: sería estudiada y hecha “con la participación de todos los actores a quienes esta ley se refiere”.

Creo que el pueblo ganó una gran batalla. Y los senadores dieron muestras y señales de cierta sensatez. Esta vez dieron cabida a los deseos del pueblo que llenaba la plaza.