Desde que integran el coro que animará la fiesta religiosa con el papa Francisco en julio, cuatro jóvenes pilarenses viven una constante odisea. Cada fin de semana parten desde Ñeembucú hasta la capital para asistir a los ensayos.
“Ya sobre la hora” comentaron que llegan al Seminario Metropolitano, para cantar en latín, castellano o guaraní, por la serie de paradas que hacen los buses. Así, los tramos que se hacen normalmente en cinco horas, los realizan en siete. Igual, se sacrifican por llegar a hora, pero les cuesta billetes y, sobre todo, sacrificios personales.
Antes de que empezara el sexto ensayo del coro papal de los 24 previstos, ayer Danielle Segovia, Guillermo Amarilla, Guido Galeano y Lucía Silva relataron las odiseas que pasan cada fin de semana y la buena onda de la gente que coopera para que puedan solventar los gastos del traslado.
En cada misa de Pilar se pide a los fieles dar un granito de arena para que los representantes de la capital del Ñeembucú puedan cantarle al Santo Padre.
“Hay gente de buena voluntad que se va a la Iglesia y nos da una mano para poder solventar los gastos”, comentó la soprano Danielle, quien abandonó sus estudios de sicología este año para poder asistir a los ensayos, ya que no le querían dar permiso.
Para reforzar el costo de los pasajes, que suman G. 480.000 cada uno por mes, el párroco de la Basílica Menor Nuestra Señora del Pilar, Sergio Campara, y el sacerdote Aníbal Azuaga salen a buscar colaboraciones en la pequeña Pilar. “Como somos los únicos representantes hasta ahora de Pilar, la gente se emociona y está muy pendiente de nosotros”.
La iniciativa solidaria se vuelca también a las redes sociales a través de la fan page “Queremos que el papa Francisco visite Pilar” de Facebook.
Como los ensayos se realizan los sábados, a las 15.00, y los domingos, a las 10.00, los pilarenses no tienen tiempo de volver a casa para dormir. Afortunadamente, resaltaron que los padres redentoristas les brindan hospedaje gratuito a los cuatro cada fin de semana en el Seminario que tienen en Barrio Obrero.
“Los 28 seminaristas están muy pendientes de nosotros, nos dan buen trato gracias a Dios y se comprometieron a recibirnos los fines de semana hasta que venga el Papa. Eso nos facilita mucho”, dijo el joven auditor y músico Guillermo Amarilla, de 23 años.
NADA LOS DETIENE. La tormenta del domingo no impidió que los más de 500 coristas asistieran al ensayo. Con los brazos extendidos y sus mochilas preparadas para el regreso a Pilar, el cuatrinomio de coristas del interior inició la rutina perceptiva antes de afinar sus voces con los más de 500 integrantes del coro y por unos minutos dejaron de pensar en la odisea que será la vuelta a casa por ser día de lluvia.
“En Asunción nos cuesta movernos solos, no conocemos mucho las calles. Ayer ya llegamos tarde por culpa del bus y porque nos bajamos mal”, comentaron, sonrientes, los vocalistas que cantarán al Papa bajo la batuta del maestro Enrique Barrios.