Opinión

Japoína

Sergio Noe

Sergio Noe Por Sergio Noe
El costo social de la corrupción en Paraguay es quizás incalculable. Sin embargo, recientes estimaciones de la Contraloría General de la República, con base en datos del 2019, cotizan en unos USD 6 millones. Si ese monto se hubiera destinado a salud, se podría haber comprado 796.912 dosis de vacunas contra la hepatitis A, o bien, invertir en 1.343 camas eléctricas de uso hospitalario, según la misma fuente.

Por el mismo monto del perjuicio patrimonial al Estado también se pudo destinar, en el área de educación, a comprar 3.897.149 raciones de almuerzo escolar, o bien, a construir 1.396 espacios educativos para la primera infancia. En el área de seguridad, por el monto defraudado, se podrían comprar 289 camiones para patrulleras de la Policía, o 32.707 motocicletas, según la Contraloría.

Si jugamos un poco con los números, para lograr ganar honestamente ese monto con un salario mínimo paraguayo (unos USD 315), fácilmente se necesitarían nacer y resucitar 22 veces o vivir cerca de 15 siglos, o simplemente, haber nacido en el año 421 cuando Constancio III era emperador del Imperio Romano de Occidente.

En tanto, si queremos ganar la friolera suma de USD 362 millones, el equivalente a la fortuna del ex presidente Horacio Cartes, según datos de su declaración jurada revelados por la Contraloría, se necesitaría multiplicar 59 veces el costo de la corrupción social en Paraguay.

Es decir, para alcanzar ese caudal monetario del ex mandatario se necesitaría –ganando un salario mínimo– haber nacido unos 10.000 años atrás, en la era dominada por el Homo neanderthalensis, cuyas características físicas eran más robustas que las del hombre moderno, con tórax y cadera anchos, extremidades cortas, y una capacidad craneal media más grande que la del Homo sapiens sapiens, según revelan los expertos en genética histórica.

En cambio, para ganar unos USD 130.000, que sería la fortuna del cuestionado líder opositor Efraín Alegre –según su declaración jurada revelada por la Contraloría–, se requeriría trabajar unos 34 años considerando el salario actual.

Algunos me podrían acusar que invento cifras y me detengo en comparaciones quizás odiosas. Aclaro que me remito a documentaciones existentes y los cálculos provienen de mi inventiva basada en operaciones de división de la aritmética simple, al alcance de cualquiera.

Ante estos hechos, el mismo presidente de la República, nuestro queridísimo y churrísimo (según una diputada) Mario Abdo Benítez, dijo que justamente no lee las noticias por “salud mental”. Es decir, quizás ni se enteró que el Estado, bajo su gestión, durante el 2019 perdió cerca de USD 6 millones o más en hechos de corrupción, según la Contraloría.

Muchos políticos pareciera ser que viven en una burbuja, o simplemente aplican la ley del ñembotavy (desentendidos) ante una realidad tristemente injusta para millones de paraguayos.

Por su parte, la Justicia pareciera ser ciega, sorda y muda, incluso hasta complaciente y cómplice con la corrupción, ya que su inacción contra este flagelo es manifiesta, y ni qué decir en investigar las grandes fortunas que se mueven en torno a un grupo de empresarios, amigos del poder, que quizás no supera la quincena, donde no solo figuran políticos, sino también los denominados señores feudales de la “patria contratista”.

Ante todos estos hechos de corrupción que representan una afrenta y una burla a los paraguayos, popularmente podríamos reaccionar diciendo: “Dejémonos de joder o abandonemos la tontería”. Esa sería la traducción aproximada de la tan gastada palabra guaraní japoína, que literalmente significa “soltemos o tiremos”, y que denota ese rechazo manifiesto ante dichos o conductas que no son de nuestro agrado.

Y yo me pregunto y les pregunto: ¿Con qué expresión en guaraní le contestarías al presidente ante su actuar? Yo me remitiría únicamente, como miles de paraguayos, al título de este artículo: “Japoína”.

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