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Insumos didácticos se pierden bajo el polvo en centro de niñez cerrado

Libros, juguetes, útiles y varios materiales educativos quedaron abandonados, a expensas del polvo, en  el centro de   Abrazo en Tablada, donde iban –hasta  2019– decenas de niños, niñas y adolescentes.

Un montón de insumos didácticos, libros, útiles y todo tipo de materiales educativos –algunos incluso sin usar, envueltos en bolsas plásticas– quedaron abandonados en el piso, ganados por la humedad y la mugre. Eso es lo que se observa en la planta alta del centro comunitario San Juan, donde hasta el año pasado fue el Centro 2 de Abrazo en el barrio Tablada.

Hasta un botellón de agua, de 20 litros y sin abrir, quedó bajo el polvo allí desde que el Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (Minna) decidió mudar ese centro debido a la inundación.

En la planta alta del centro comunitario, donde estuvo el papa Francisco, en 2015, funcionaba el programa que asistía a al menos 60 niños, niñas y adolescentes. Abajo sigue en funcionamiento una Unidad de Salud Familiar (USF) del Ministerio de Salud Pública.

“Después de la inundación cerraron su centro y este año cerraron por completo”, contó Ruth González, quien es enfermera en esa USF, mientras señalaba la marca que dejó la crecida en la pared.

En efecto, la crecida causó estragos en la superficie del inmueble y en los precarios mobiliarios que aún quedan.

Los funcionarios del Minna, educadores y apoyos familiares, fueron destinados a otros centros; algunos niños fueron absorbidos por el local de Abrazo de Chacarita y otros fueron trasladados a los centros abiertos de la Dirección de Reducción de Riesgo del Minna, en la zona de Zeballos Cué, cerca del Botánico.

Adriana Ferreira, vecina del barrio San Juan, manifestó que ellos necesitan que se reabra el centro de Abrazo de Tablada.

Las familias beneficiaras de la zona, en su mayoría, se dedican al reciclado, en motocarro o en carros estirados a pie, y a la venta ambulante en los colectivos.

“Más de 60 niños recibían allí; fueron derivados a Chacarita, algunos dejaron de asistir, otros fueron a centros alternativos”, suscribió un funcionario del Minna que prefirió el anonimato.

DISTANCIA. Explicó que muchas familias toman la decisión de dejar de enviarles a sus niños, cuando se producen este tipo de mudanzas.

El inconveniente tiene lugar, como ocurre en varios casos, cuando el Minna –en convenio con el municipio del lugar– alquila una casa para Abrazo que está muy distante de los focos de trabajo.

Y antes de pagar un pasaje en colectivo de ida y otro de vuelta, las familias prefieren no llevarles más a sus hijos al nuevo centro.

ÚH buscó la versión de la directora de Abrazo, Nancy Domínguez, para corroborar dicha información; pero no contestó a insistentes llamadas ni respondió a los mensajes.

Cuando le tuve a mi primera hija necesitaba dejarle (en el centro) para que esté ahí mientras que yo me iba a trabajar. Alicia Ferreira, vecina de Tablada.

Ventanas rotas y techo con gotera

El Centro Abrazo de Ñemby cerró el año pasado por falencias de infraestructura, según Ana Cuevas, encargada distrital de la zona. “Tenía problemas de base, cuando llovía goteaba adentro, tenía problemas del pozo ciego por falta de mantenimiento”, reveló a ÚH.

En Mariano Roque Alonso, el estado del centro, del mismo programa, se encuentra en estado deplorable: ventanas con vidrios rotos, baño con el piso hundido y la humedad en el techo, como vestigio del agua que filtra en días de lluvia, según imágenes captadas por familias beneficiarias del programa.

En esas condiciones reciben allí a entre 5 a 15 niños y niñas. Inclusive, el patio de la casa –alquilada por la Municipalidad– no puede ser utilizado para actividades de esparcimiento, pues hay un derruido depósito sin puertas y abundan las malezas.

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