La televisión de la NASA no mostró ninguna imagen del flash luminoso provocado por el impacto del proyectil Centaur de 2,3 toneladas a las 11H31 GMT.
Cuatro minutos después de Centaur, la sonda LCROSS (Lunar Crater Observation and Sensing Satellite), de una masa de 890 kilos, se estrelló a su vez en el cráter Cabeus, confirmó asimismo la NASA.
Pero antes, sus instrumentos pudieron determinar la composición de la materia proyectada por el choque de Centaur en busca sobre todo de rastros de agua.
En principio, la sonda LCROSS también tuvo tiempo de transmitir a la Tierra todos los datos recogidos.
“El equipo científico de LCROSS está realizando su evaluación preliminar de los aproximadamente cuatro minutos de datos recolectados por la sonda LCROSS”, indicó el sitio internet de la misión tras el impacto.
“No anticipamos nada sobre presencia o ausencia de agua de inmediato. Nos llevará cierto tiempo”, advirtió Anthony Colaprete, responsable científico de la misión, explicando que llevará varios días evaluar los datos y varias semanas determinar si se encontraron compuestos con hidrógeno.
El jefe de la NASA, Charles Bolden, felicitó al equipo a cargo de la misión.
“Agradezco en particular al equipo de la NASA liderado por Daniel Andrew que hizo un trabajo fantástico, con una nave espacial poco costosa que realizó una tarea notable”, dijo.
La misión LCROSS costó 79 millones de dólares.
La sonda había sido lanzada en junio a bordo de un cohete Atlas V con otra sonda, llamada LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter), encargada de realizar un mapa detallado del único satélite natural de la Tierra.
Mientras la sonda LRO se separó rápidamente del lanzador para colocarse tres días más tarde en órbita lunar, la sonda LCROSS se mantuvo acoplada a otra parte del cohete, Centaur, durante su periplo de tres meses desde la Tierra a la Luna.
Su separación se produjo el jueves, pocas horas antes del impacto en el cráter lunar Cabeus.
Encontrar agua en el satélite natural de la Tierra sería un gran paso en la exploración espacial y allanaría el camino hacia futuras bases lunares para abastecerse de agua o combustible, o incluso oxígeno para que el hombre viva en otro planeta.
Las dos naves espaciales representan la primera misión preparatoria del programa Constellation con miras a un regreso de los estadounidenses a la Luna en la década del 2020.
Pero la suerte de este proyecto es incierta, dado que una comisión de expertos designada por el presidente Barack Obama concluyó que el programa requeriría 3.000 millones de dólares más por año.
El presidente aún debe elegir entre esta opción y otras más económicas pero menos ambiciosas.