Opinión

Hacer quilombo en el Parlamento

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

Andrés Colmán GutiérrezPor Andrés Colmán Gutiérrez

“¡Hacé quilombo, carajo...!”, fue el enfático pedido que el senador Arnaldo Giuzzio hizo a su colega Eduardo Petta, en diciembre de 2017, cuando el Senado destituyó a Óscar González Daher del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y designó a Petta en su lugar, ante el escándalo por la revelación de casos de corrupción y tráfico de influencias en que González Daher apareció involucrado.

Durante el tiempo que estuvo en el JEM, Petta hizo quilombo, pero no resultó suficiente. González Daher está de vuelta en el Senado y hasta preside comisiones, como si nada hubiera pasado, mientras Petta y Giuzzio están afuera. Ellos ya no podrán hacer quilombo, pero otros quilomberos o quilomberas siguen y más llegaron a sumarse.

Derivada del bantú “kimbundu”, la palabra quilombo nombraba los lugares en donde los esclavos de origen africano se refugiaban para luchar por su libertad durante la conquista colonial. Por deformaciones racistas, se acabó llamando quilombo a los prostíbulos, como al acto de provocar desórdenes o conflictos.

Nuestra quilombera favorita en el Parlamento se llama Desirée Masi. Aquel 1 de julio de 2017, cuando el presidente Horacio Cartes leyó su informe oficial ante el Congreso, ella fue la única que se atrevió a encararlo y decirle en la cara: “Sos un mentiroso, mentís en tu informe. No se acabó la pobreza. Violás la Constitución”, para luego retirarse entre abucheos.

Cuestionadora impenitente, frontal en sus críticas y muy clara en sus propuestas, hábilmente mediática en el uso de las redes sociales de internet y en el contacto con los medios de comunicación, Desirée logró ser reelecta senadora. Con seguridad, continuará armando quilombo en este nuevo periodo legislativo, pero al parecer ya no estará sola. Han llegado otros y otras para hacerle competencia, como la diputada Kattya González y el senador Paraguayo Cubas.

Muchos los admiran por su valentía y osadía, otros los critican llamándolos “figurettis”, asegurando que sus acciones son populistas y efectistas, pero nadie deja de incomodarse por lo que hacen. En su renuncia al seguro médico VIP de los parlamentarios, Kattya arrastró a otros colegas a hacer lo mismo. Y cuando escuchó de espaldas el último informe de Cartes al Congreso, transmitió un mensaje demoledor, tal como lo hizo Desirée el año anterior.

Payo Cubas es aun más enfant terrible. Sin pelos en la lengua, es capaz de arruinar la gran fiesta del establishment llamando “feria de morondanga” a la Expo, mientras todos temen que en algún momento se saque el cinto o se baje los pantalones.

Podemos no estar de acuerdo con sus posturas y con sus acciones, pero este Parlamento de tantos bandidos y sinvergüenzas necesita de quienes les digan en la cara lo que son, y hagan alguna diferencia, por más “figuretti” que esta sea.

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