Habrían lecciones aprovechables para las autoridades del fútbol sudamericano, en el análisis de lo que ocurrió con la preciada y reciente Liga de campeones de Europa. Accedieron a la final clubes de presupuestos millonarios y se vio que en el campo de juego que en esa instancia fue una lucha de estrategas lo observado.
Nuestro fútbol carece del vuelo profesional que aplican los clubes en Europa. Primeramente, existe un modelo empresa-fútbol que permite funcionar a los clubes de manera eficiente. Y por otro lado solo los clubes de toda una ciudad pueden aventajar en proyección a los clubes con grandes capitales.
En un paralelismo con nuestro fútbol local, los clubes no tienen por obviedades gran caudal de socios. En consecuencia, el único camino a un mejor fútbol es el que los clubes sean empresas. Esto casi tan obvio como comparar la eficiencia de las empresas privadas con las públicas.
Por otra parte, resulta claro, es que en estas tierras del sur nacen los mejores talentos para este deporte y que en Europa residen las mejores condiciones generales para llevar al fútbol y a esos atletas talentosos a nivel extraordinarios. Messi no hubiera tocado las musas del fútbol en la Argentina. ¿Y qué ocurre en nuestra casa? Acá, aún nos entretiene la idea que con la garra guaraní podemos avanzar. Las calidades de canchas, en muchos casos no permiten la primera condición que es el dominio de ribetes artísticos del balón. En Europa en 10 años más las canchas de césped natural serán un recuerdo del pasado por ese motivo y, por densidad en el uso de esos campos.
La dirigencia sudamericana tiene dos tareas imperativas; la primera mostrar que los códigos de ética ante monstruosos derechos televisivos han cambiado y, la segunda actualizar la idea fútbol y volver a la historia vieja que este continente sea el que más trofeos lleve de las competencias internacionales. Sería casi una utopía pretender ganar una Copa Mundial en esta situación. De hecho, Alemania se consagró en tierras brasileñas como el último campeón, luego de una goleada a los verde-amarillos. ¡No repitamos este fracaso!
La Conmebol debe mostrar el camino y las centrales de fútbol de cada país seguir a ese designio de gloria antigua que hoy se esfuma en la niebla de la inacción.