29 ene. 2026

Francisco y su fuego amigo

La gente del Vaticano estaba acostumbrada a los cañonazos y tiroteos de diverso calibre que de cuando en cuando cae sobre ella. Pero no creo que haya estado preparada para un ataque de su propio Papa, el Sumo Pontífice, el naumbréna luego del Catolicismo, el carismático Francisco (lo de carismático va en su sentido original) dijo Urbi Et Orbi que los cortesanos eran la lepra del Vaticano. Debemos entender que los cortesanos de ese polémico Estado con régimen vitalicio para cada líder elegido en un cónclave de cardenales, son mayoritariamente los cardenales que moran allí.

Si estuviera en su lugar, tomaría los recaudos necesarios, y una yapa del 90%, por lo peligroso que ya demostró ser ese sacro entorno. Pocas personas dudan de que Juan Pablo I fue asesinado. Había evidenciado un espíritu esencialmente cristiano, ajeno al boato desmesurado que había hecho carne en los espíritus de la plana mayor del Vaticano. En la película El Padrino III, hay una denuncia desembozada al respecto. Y no se escuchó siquiera un murmullo de insatisfacción surgido de las filas cardenalicias.

La Justicia romana solicitó permiso para hacerle una autopsia al cuerpo del finado Juan Pablo Primero. La primera línea defensiva del lugar se lo negó, aduciendo su calidad de sagrado y de jefe de Estado autónomo. La Justicia pudo insistir atacando desde otro ángulo: el Papa también es el Obispo de Roma, y en esa condición, sus restos podían ser estudiados. Pero en medio de aquella tormenta mediática, pronto pasó a tercer plano el presunto asesinato del Papa de la sonrisa buena, como pronto lo bautizó el pueblo.

El Banco Ambrosiano cobró peor fama que el peor banco off shore de las Antillas. Saltaron vínculos con la célebre logia masónica P-2 (P-Due), cuyo maestro principal era o fue Licio Gelli, quien buscó refugio en la Argentina. Otro figurón, ligado al tremendo Banco Ambrosiano, apareció muerto bajo el puente de Londres en un irónico montaje de presunto suicidio. Es imposible entrar solo bajo ese puente, atar una soga, hacerle el lazo y luego matarse por ahorcamiento. La conclusión de la opinión pública fue que todo eso era un mensaje de la Mafia, a la que el Ambrosiano habría perjudicado en muchos millones de dólares.

Luego de aquello, hubo varios escandalotes velozmente tapados, cual cacas de gato. Un sargento de la Guardia Suiza, pero de la parte moderna, con armas automáticas y todo, mató a balazos a su capitán, en un episodio que desapareció muy pronto de los titulares de prensa escrita, televisiva y oral. No estaba todavía Francisco.