Es la primera fábrica en el país que prepara masas a base de harina de maíz, listos para cocinar. Comenzó a operar en el año 1980 cuando don Garcete abrió un molino de granos. El rubro le resultó atractivo desde chico cuando acompañaba a su padre al Mercado 4, donde proveía granos de maíz. Allí observó el proceso que utilizaban para producir harina de maíz cocinada, un ingrediente básico en varios platos típicos del país, y pensó que algún día iba a perfeccionar ese proceso.
INICIOS. El negocio comenzó preparando harina de maíz para materia prima que se vendía en los supermercados con muy buena aceptación; esto entusiasmó a don Eulalio, quien tuvo la idea de hacer la masa de la sopa, envasarla y venderla, recuerda doña Eustacia.
“Él insistía en envasar la sopa preparada, pero como la masa no dura más de un día en la heladera, buscamos, en el 2009, una tecnóloga y trabajamos con ella durante un año en la investigación del vencimiento”, recordó.
Un año después introdujeron la solicitud en el Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición y consiguieron una sopa que, refrigerada, dura 2 meses y congelada, 6 meses.
“Lanzamos un año después, pero como la gente no conocía el producto y aunque pusimos promotoras para hacer degustación, casi nos llevó a la quiebra porque hicimos una cantidad que no se vendió porque nadie nos conocía”, contó.
Luego de la sopa vinieron las masas listas para preparar chipa y mbejú, en el 2012; todos los productos son aptos para celiacos.
Si bien Granopar es la única que produce masa lista para cocinar sopa, chipa y mbejú en el país, planifica su crecimiento con precaución. Hoy trabaja en la obtención de la certificación ISO 21000, que le abrirá más mercado, incluso en el exterior, resaltó Garcete.
La empresa emplea a 40 personas y analiza diversificar su producción incorporando cada vez más productos en el mercado.