Crónico porque lo arrastraron todo el 2013. Real porque ciertamente tienen causas para tenerlo. La crisis en Europa o la pobreza en el Paraguay son ejemplos de esto.
Este pesimismo es contagiante. Por eso debemos comenzar el 2014 con otra actitud.
Curiosamente, Jesús vio a su alrededor a muchos de sus contemporáneos en este estado psicológico. Y conste que no les echó la culpa. Demasiada presión aguantaban y en demasiada pobreza estaban hundidos.
Por eso, sus palabras y sus obras fueron positivas y despertadoras de entusiasmo. Decididamente Jesús se negó a aceptar que nuestra vida en la tierra fuera un “valle de lágrimas”, como después tantas veces se nos ha inculcado.
Y su medio fue hablar predominantemente del Plan de Dios (Reino de Dios). En lenguaje popular: del deseo divino de que todos seamos felices.
Una felicidad que no está en el tener. Tampoco en acumular poder. Y, mucho menos, en despojar a los demás para que todo vaya quedando en mis manos.
Una felicidad que no consiste en que pocos tengan todo para que, “cuando les rebose el vaso”, algunas gotas caigan en los de abajo. Sino al contrario. Que los de abajo tengan lo necesario y más. Y que esto se logre con la equidad, que consiste en dar más, en todo, a los que tienen menos.
“Feliz año nuevo 2014” no es evadirse, durante él, con alcohol o drogas o con dádivas que someten. Mucho menos en soñar con ser como ese puñado al que le sobra todo. Y que no se logra con tener unos championes de marca, posiblemente falsa, que nos hace parecer lo que no somos.
“Feliz año nuevo 2014” significa luchar para que todos, comenzando con los más empobrecidos, vivamos felices con una calidad de vida humana digna.