AFP
ISLA DE GIGLIO - ITALIA
Los socorristas reanudaron el jueves la búsqueda en el casco del Costa Concordia tras horas de interrupción debido a oscilaciones del navío semihundido, mientras familiares de los desaparecidos expresaban indignación y cólera contra el comandante del crucero.
La rabia de los familiares se acrecentó el jueves después de que el peruano Saturnino Soria, padre de la joven desaparecida Erika, pidiera públicamente a las autoridades italianas que el comandante del navío, Francesco Schettino, “no quede impune por lo que ha hecho”.
“En otro país estaría en la cárcel, pasaría un mal momento, no estaría tranquilamente tomando café con su madre”, comentó por su parte el indio Kevin Rebello, hermano de Russel, uno de los miembros de la tripulación que no aparece. La liberación del controvertido comandante del crucero, principal responsable de la tragedia, quien se encuentra en arresto domiciliario en su residencia de Meta de Sorrento, cerca de la sureña Nápoles, generó irritación entre los parientes de las víctimas que esperan noticias en la isla de Giglio, donde se produjo la tragedia.
MÁS POLÉMICA. Una bailarina moldava de 25 años defendió desde Moldavia a Schettino y negó que estuviese bebiendo en la cubierta: “Hizo todo lo que había que hacer para salvar gente”. La bailarina, Dominica Cemortan, según la prensa no estaba registrada como turista ni como miembro de la tripulación. Según nuevos testimonios, la mayoría de las lanchas fueron manejadas por meseros o personal de la cocina, entre ellos filipinos, colombianos, peruanos y hondureños, considerados verdaderos ángeles al haber realizado decenas de viajes entre la nave y la isla para salvar vidas.