Por Sergio Noé
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El fagot, una pieza que goza de escaza popularidad frente a un piano o una guitarra, es un instrumento tubular de madera de la familia de los vientos y es ciertamente exótico para la mayoría.
Sin embargo, es el preferido de un selecto grupo de músicos paraguayos y extranjeros que aseguran ser conquistados por su peculiar timbre y su registro grave. En Paraguay, la cantidad de fagotistas no supera los diez, considerando que las orquestas sinfónicas locales cuentan con dos o tres de ellos.
CASUALIDAD. Los tres fagotistas de la Orquesta Sinfónica Nacional, ya con años de experiencia, relatan que eligieron el instrumento sin antes conocerlo, pero una vez que lo tocaron quedaron encantados por su sonoridad.
“Empecé tocando clarinete en la Banda de la Policía, y luego el fagot. Lo toco porque 20 años atrás había una necesidad de contar con fagotistas en Paraguay, ya que casi no existían”, revela el músico Roberto Lugo. Añade que un profesor le mostró el instrumento, lo hizo sonar unos minutos, le indicó las notas, le dio un diagrama y le dijo: "¡vaya a su casa y estudie con esto!”.
Así pasaron 20 años y asegura que tocar el fagot es cambiar a una vida musical nueva. “Me costó aprender, pero con práctica y con la visita de músicos extranjeros, que nos mostraban técnicas, me gustó cada vez más”, señala Lugo.
En tanto, Rodolfo Mélida recalca que para alcanzar un alto nivel se requiere, además de práctica, la formación con músicos internacionales o el estudio fuera del país.
Justamente, Mélida comenta que gracias a la llegada del fagotista español Javier Abad –contratado por la Sinfónica Nacional desde el 2012 tras una audición pública internacional– ellos cuentan con “una formación interesante y de una escuela diferente”.
“Hay pocos fagotistas a nivel mundial, se trata de una realidad que no solo afecta a Paraguay. Puede deberse por ser un instrumento minoritario, no muy difundido y por ser costoso”, acota por su parte el español Javier Abad, radicado en Paraguay.
SONORIDAD. Los músicos cuentan que el fagot tiene un peculiar timbre que puede resultar melancólico o hasta jocoso. “Puede comportarse como un payaso total, y a veces, se lo considera el bufón de la orquesta”, cuenta Lugo.
Para Mélida, es más propio de una sinfónica. “El fagot no tiene tanta potencia como la trompeta y por eso es difícil encontrar en bandas, no es muy común”, dice.
Sin embargo, Abad expresa que hay un amplio repertorio para el fagot y es requerida en la música sinfónica o bandas sonoras de películas, además de usarse en otros géneros, sea el jazz, aunque con escasa presencia, o la guarania, como en una pieza de Remigio Pereira.
Hilaria Ferrari, fagotista de la Orquesta Sinfónica del Congreso y de la Sinfónica de Asunción, afirma que se pueden hacer arreglos para fagot que no sean precisamente para una agrupación clásica. “Toqué el fagot en el Beatles sinfónico con la OSCA, así como guaranias junto a Ricardo Flecha y Óscar Fadlala. El fagot no se limita a lo sinfónico, también puede tocarse en música popular”, asegura Ferrari, argentina radicada en el país hace 14 años y que llegó tras ser invitada por el maestro Luis Szarán.
El titular de la Sinfónica Nacional, Juan Carlos Dos Santos, recordó que hacia 1950, cuando se iniciaba la orquesta de la Asociación de Músicos del Paraguay, no existía nadie que tocara el fagot. Para paliar el dilema, lo reemplazaron con un saxofón barítono. Hoy día, esa realidad está cambiando y el país cuenta con varios, entre ellos, además de los citados, están Tomás Ortiz (OSCA), Dámaris Rodríguez (OSIC), Arnaldo González (Banda de la Policía) y José Fleitas (Orquesta de UniNorte).