Hasta ahora, los gobernantes –los locales y los nacionales– han seguido concibiendo a Asunción como una aldea grande y nada más. La mentalidad de hoy no difiere demasiado de aquella que fundó sobre siete colinas Asunción, cuadriculó sus calles en tiempos de Francia y sembró árboles en tiempos del intendente Bruno Guggiari.
Esa ciudad tradicional de pasos cansinos, de negocios cerrados a la siesta y vendedoras a lomo de burro, sin embargo, hace tiempo desapareció. Asunción es una ciudad que, al no poder extenderse hacia sus costados, va optando por la altura de los edificios y va cambiando material y espiritualmente. Sin embargo, las autoridades conservadoras de su Municipio y las del país la siguen concibiendo con parámetros ya obsoletos.
Con tantas transformaciones que se dan más allá de la voluntad de los gobernantes, Asunción requiere de mentes lúcidas e innovadoras, así como de gestores atrevidos que puedan adecuar sus espacios y su fisonomía a las necesidades actuales. No puede seguir siendo una jaula que aprisiona a sus habitantes y hace lo mismo con sus visitantes.
Al contrario, con creatividad y sentido adecuado del riesgo, tiene que aparecer en escena el atrevimiento de considerarla una ciudad grande y moderna, inmersa en los requerimientos urbanísticos y tecnológicos propios del inicio del siglo XXI, actuando en consecuencia.
Una realidad palpable es que Asunción ya no puede ser tenida como un centro independiente de sus vecinos. Depende de los municipios aledaños y estos de él. La interconexión e interactuación de los que viven en Asunción, Fernando de la Mora, Lambaré, San Lorenzo, Luque, Mariano Roque Alonso, Villa Elisa y otras ciudades del conurbano se da todos los días.
Contradiciendo esa realidad social, sin embargo, los municipios operan de manera separada. Por lo tanto, hace falta un supragobierno del área metropolitana que, salvando en algún momento las limitaciones legales, pueda englobar su administración en tareas específicas que no atenten contra la autonomía de los municipios.
Experiencias de esa consideración totalizadora de Asunción y su entorno se dan en la Copaco, que hace tiempo eliminó los prefijos locales para considerar a Asunción y sus alrededores como un todo en los números de línea baja concedidos. Lo mismo pasó con la Setama, para el sector del transporte público.
Por otro lado, ciudades como Caracas, Quito o Buenos Aires cuentan con gobiernos supramunicipales, de modo que Asunción podrá utilizar las experiencias de las que ya se le han adelantado en el emprendimiento.
El aniversario de Asunción es propicio para alentar la adopción de criterios que apunten a alcanzar pronto un gobierno de la gran ciudad.