Revista Pausa

En la plaza, la comunidad se potencia

Desde sus inicios, la plaza Julio César Franco fue símbolo de una juventud despierta y activa. A pesar del abandono sufrido en años anteriores, un grupo de jóvenes vecinos se animó a devolverle la vida a este espacio público.

Las hamacas chirrían por la energía desmedida de niños y niñas que van y vuelven sin cesar en esta tarde calurosa. Gritan, corren, se esconden, habitan cada rincón de este parque. A un costado, unos chicos se juntan para hacer ejercicio. Más al fondo, unos linces se quitan el pasamontañas y toman tereré.

Ubicada en el barrio Pettirossi, en las cercanías del Mercado 4 y el Colegio Salesianito, la plaza Julio César Franco es un icónico punto de encuentro. Hoy por hoy, allí conviven diferentes generaciones, pero es la juventud la que hizo suya la plaza.

Florencia Duval (16 años) es una de las chicas del barrio que vieron el potencial de la plaza, no solo para el esparcimiento sino también para el aprendizaje. Ella estaba muy indignada e insatisfecha con la educación formal que había recibido hasta el momento, en especial en lo que se refiere a idiomas.

“Estudiamos durante 12 años guaraní e inglés, tanto en instituciones públicas como privadas, y ninguno de nosotros sale hablando esos idiomas. A no ser que tengas la posibilidad de asistir a una institución aparte”, dice Floppy, como le dicen cariñosamente sus amigos. Como ella tuvo el privilegio de aprender en casa, a través de libros y dibujos animados, quiso compartir ese conocimiento.

Realizó un pequeño sondeo por el barrio y en el Mercado 4, donde vio que había varios niños y adolescentes que pasaban sus tardes ahí, acompañando a sus padres trabajadores. Hizo volantes a mano y los entregó a comerciantes, o los pegó en postes de la zona. Y así, en febrero del 2019 empezó Inglés en la plaza.

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<p>Las actividades en la plaza Julio César Franco empezaron con clases de inglés y luego fueron evolucionando a clases de guitarra, arte, presentaciones artísticas, exhibiciones de cine, entre otras. </p>

Las actividades en la plaza Julio César Franco empezaron con clases de inglés y luego fueron evolucionando a clases de guitarra, arte, presentaciones artísticas, exhibiciones de cine, entre otras.

“Pensé que el inglés podría ser una buena herramienta para ayudarles a abrir muchas perspectivas. Mucha información útil sobre temas actuales está en ese idioma”, asegura Duval. Lejos de implementar una dinámica estructurada para la enseñanza, aprovechó las canciones que muchos de los chicos y chicas ya conocían y utilizó juegos, adaptándolos a la lengua inglesa.

“Los niños hacían preguntas todo el tiempo. Jugaban un rato y después volvían a lo teórico. Y la verdad es que a mí me reinspiró, porque ella [Floppy] está cumpliendo el sueño de cualquier psicóloga comunitaria: activar su barrio y crear comunidad”, comparte Valeria Armoa. Ella vive frente a la plaza, es psicóloga comunitaria y cuando vio lo que Floppy estaba haciendo no dudó en contactarla y ofrecerle su ayuda.

Empezaron a notarse cambios en los alumnos y alumnas, primero en su vínculo con la teacher, y luego en su relación con el barrio y la propia plaza. “Con estas clases y la difusión, los vecinos empezaron a apropiarse nuevamente del espacio público. Ahora se convirtió en un lugar donde podés jugar fútbol, hacer ejercicio, aprender inglés, arte o guitarra. Se convirtió en un espacio público empoderado”, señala.

Sin embargo, se dieron cuenta de que las clases de idioma no eran suficientes. Los pequeños asistentes empezaron a compartir con ella problemáticas que vivían en sus casas y la necesidad de seguir fortaleciendo ese espacio con otro tipo de actividades fue creciendo.

Lazos comunitarios

Replantearon y repensaron el proyecto. Surgieron ideas sobre la educación popular, el espacio público y empoderamiento de los vecinos. Para realizar otro tipo de encuentros, decidieron hacer una encuesta en las cinco manzanas que rodean la plaza. Consultaron a 41 vecinos y vecinas, allí pudieron constatar que un 50% eran adultos y el otro 50% jóvenes.

“Tocamos puertas y pedimos números de teléfono. Hicimos una infografía de la historia y los usos de la plaza. Formamos un grupo de WhatsApp y ahí ubicamos a mucha gente que propuso realizar clases de arte, guitarra, etcétera”, recuerda Valeria.

Muchos adultos se acercaron a ofrecer su colaboración haciendo donaciones o prestando herramientas, pero fueron los jóvenes quienes tomaron la iniciativa de reactivar la plaza. Con los nuevos integrantes conformaron la organización En la Plaza.

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<p>Los jóvenes fueron quienes tomaron la iniciativa de revitalizar el espacio público de su barrio. Históricamente la Plaza Julio César Franco estuvo relacionada con los movimientos estudiantiles y juveniles. </p>

Los jóvenes fueron quienes tomaron la iniciativa de revitalizar el espacio público de su barrio. Históricamente la Plaza Julio César Franco estuvo relacionada con los movimientos estudiantiles y juveniles.

“Los que están empujando esto son niños y jóvenes de 10 a 25 años. La idea nuestra de revitalizar la memoria se está dando porque ellos son los que más se involucran en el proceso de trabajo comunitario”, explica Adriana Benítez, quien también vive en el barrio Pettirossi y se sumó al proyecto luego de participar de un taller de laboratorio ciudadano del Centro Cultural Juan de Salazar, en el que también estuvieron Valeria y Florencia.

Cuando habla de la memoria se refiere a lo que representa la plaza Julio César Franco, llamada así por el joven estudiante que junto a otros compañeros de colegios capitalinos fueron a reclamar la soberanía del país frente al Palacio de los López en 1931, debido a la invasión del Chaco. Aquellos jóvenes fueron fusilados a quemarropa por orden del Gobierno.

“Esta plaza es verdaderamente un sinónimo de lucha juvenil y estudiantil. Entonces queremos que sea un espacio para que los niños y jóvenes levanten su voz”, agrega Adriana, que trabaja como comunicadora.

Otra información que recolectaron es que en sus inicios la plaza era escenario de encuentros culturales y deportivos. Había varios artistas en el barrio y se juntaban allí a hacer peñas, como también organizaban torneos entre los vecinos.

“Antes nos conocíamos de vista, pero no teníamos ningún vínculo entre nosotros. Ahora nos encontramos a cualquier hora, por fuera de la organización, para hablar de lo que nos preocupa y nos motiva”, añade Valeria, comprobando la importancia de generar lazos, ocupar el espacio público y volverlo escenario de sueños y proyecciones.

Ambiente ideal

Las constantes actividades, la música, los juegos y la concurrencia de gente hicieron que la plaza se vuelva cada vez más propicia para la presencia de los niños y niñas. La propia comunidad fue generando seguridad y promoviendo la limpieza del lugar, pero todavía es largo el proceso.

En palabras de Adriana, es muy difícil que realmente se constituya un proceso participativo, ya que toda la comunidad tiene que querer los cambios que proponen. Lo que buscan también es instalar que a través de la organización pueden conseguir una mejor iluminación o arreglar las baldosas, por ejemplo.

La idea no es solo organizar actividades, sino también generar espacios de discusión y participación ciudadana para que los vecinos, en especial los niños, niñas y jóvenes, conozcan sus derechos y los ejerzan.

“Quizás no podamos abarcar todas las áreas, pero sí encontrar a quienes se encarguen de cada una. Queremos entender qué pasa en la comunidad y cómo funciona la relación con el territorio”, expresa Benítez.

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<p>Los vecinos y vecinas se fueron sumando también, con apoyo logístico o simplemente participando de las actividades. </p>

Los vecinos y vecinas se fueron sumando también, con apoyo logístico o simplemente participando de las actividades.

Algunos de los planes de este año son: pintar un mural colectivo, levantar una pérgola y armar una biblioteca comunitaria. Varios de estos proyectos quieren llevarlos adelante con un pequeño fondo que les proveyó el Centro Cultural de España Juan de Salazar.

El mayor desafío que tienen actualmente es la planificación y la sistematización de todos los trabajos que quieren hacer. “Estamos redescubriendo este proceso de armar cada proyecto, poner objetivos, ver quiénes nos pueden ayudar a financiar, etcétera”, manifiesta Adriana.

No solo pretenden poner en orden cada proyecto, sino también que se constituya en una guía y hoja de ruta para otras comunidades que deseen replicar la experiencia. Quieren generar un efecto dominó e inspirar también a otras personas.

Cambios colectivos

Para Florencia formar parte la organización En la Plaza es el aprendizaje más puro, que no viene del colegio sino de su propio barrio. “Es invaluable compartir con los vecinos y vecinas, que nos cuenten sus historias, que compartan sus conocimientos. Es un aprendizaje de convivencia”.

“No es fácil porque tenemos muchas limitaciones, pero es un llamado a que todas las comunidades empiecen a pensar de qué manera pueden generar cambios ahí en su cuadra”, reflexiona Adriana.

“Hay cambios que podemos hacer individualmente, pero motivar a otros a hacer cosas juntos es mucho más valioso. Nosotros no queremos ser el ejemplo de que salimos adelante gracias al individualismo, porque son excepciones. Somos personas que encontramos intereses en común, sentimientos y preocupaciones compartidas y nos juntamos para generar transformaciones”, finaliza Armoa.

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<p>La idea también es potenciar la participación ciudadana de los niños, niñas y adolescentes. Que puedan conocer sus derechos y hagan uso de ellos. </p>

La idea también es potenciar la participación ciudadana de los niños, niñas y adolescentes. Que puedan conocer sus derechos y hagan uso de ellos.

Apropiación y revitalización

El 2019 aportó un constante aprendizaje para las chicas de En la Plaza, un verdadero experimento comunitario. Además de las diferentes clases que pudieron llevar a cabo, festejaron el Día del Niño, realizaron Dulce o truco –una actividad recreativa por Halloween–, donde para sorpresa de todas los niños y niñas fueron disfrazados y también organizaron un festival, funciones de cine y un espectáculo de clausura del año, con música, danza y exposiciones.

La plaza como lugar de aprendizaje

Clases de inglés: sábados de 17.00 a 19.00.

Las categorías son: Kids (9-14 años) y Adults (desde los 15 años en adelante).

Clases de guitarra: domingos de 17.00 a 19.00.

Para niños y niñas a partir de 8 años.

Clases de arte: desde el viernes 17 de marzo, a las 19.00.

Cupos limitados, a partir de 8 años. En abril habilitarán el horario de 16.30 a 18.30.

La participación en cada clase es gratuita, pero el aporte es voluntario.

Comité de voluntarios

La organización En la Plaza está abierta a voluntarios que quieran formar parte del proyecto, ya sean del barrio o habitués de la plaza Julio César Franco. Para más información, contactar al (0981) 384-453 con Adriana Benítez, o al (0991) 095-977 con Valeria Armoa. También cuentan con una cuenta en Instagram: @enlaplazapy.

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