Por Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com<br/><br/>El titular de la ANDE, el Ing. Heisele –quien no se destaca necesariamente por ser un disparatero–, afirmó que su institución se encuentra desplomada por administraciones corruptas, y su expresión, que pareciera apocalíptica, no llamó la atención de nadie. Que nuestra administradora pública de la principal riqueza del país admitiera el estado calamitoso de la ANDE tendría que haber hecho saltar las alarmas de cualquier Gobierno. En el Paraguay de la indolencia no pasó nada y ambas cosas son preocupantes.<br/><br/>Por un lado, es evidente que no podemos seguir haciendo las mismas cosas de la misma forma esperando que ocurran hechos distintos. La ANDE no anda como debiera y eso es más que evidente, no solo en la distribución y administración de electricidad, sino en algo todavía más grave: no saber ganar dinero. Vamos a los hechos. La demanda ha crecido, pero la empresa no acompañó ese incremento ingresando a su paso en una espiral de pérdidas sorprendentes. Más de 70 millones de dólares pierde solo en conexiones clandestinas y el volumen de energía subsidiada es cada vez mayor. Hay demanda que crece ante una administración absolutamente desbordada en su capacidad de respuesta, que muchos añoran con nostalgia los tiempos de Debernardi, en que la empresa era sinónimo de eficacia de gestión y de capacidad de respuesta. Hoy ni los call centers funcionan y eso el propio Heisele lo comprobó en el último meteoro de Roque Alonso, cuando no sabía cómo justificar la inoperancia de otra empresa estatal deficitaria como Copaco, que le da dicho servicio. Hoy la ANDE ni medidores tiene. Si a esto sumamos los problemas de Petropar, Capasa..., vemos un cuadro de situación calamitoso que lo seguimos atando con alambres antes de resolver la cuestión en forma de cirugía mayor, que es lo necesario. <br/><br/> La manera de ver el tamaño del problema cobra perspectiva apocalíptica si lo observamos como analizamos las cosas que nos importan. Si continuamos con esta indolencia, nos pasará lo del cuartel de Roque Alonso, donde el que colocó el techo sabía perfectamente que la estructura de la construcción no estaba preparada para aguantar el peso, pero como él no la construyó, dejó las cosas listas para que una calamidad como la última terminara con la muerte de 4 cadetes. No faltará alguno que diga: “Pudieron ser más”, que es la manera como nos consolamos los paraguayos ante la decadencia. Los informativos de televisión cuentan todos los días la miseria que viven otros y la “felicidad” que aún no nos haya tocado pasar por dicha circunstancia, pero no aporta absolutamente nada a la solución del problema. Por el contrario, nos estamos acostumbrando a vivir en la miseria y en la decadencia.<br/><br/> La expresión de un titular de la ANDE diciendo que su empresa está en caída libre revela la frustración de ver cómo algo de todos sucumbe como resultado de la falta de planificación, honestidad y capacidad gerencial. Los mismos funcionarios de estos entes están contentos recibiendo dos o tres aguinaldos o energía eléctrica gratis, creyendo tontamente que con eso se salvarán del naufragio. Como la orquesta del Titanic, siguen tocando mientras el barco se hunde. <br/><br/>Requerimos un golpe de timón urgente y un golpe de realismo mayor para enfrentar estas realidades que hoy nos sumergen en la comodidad de aceptar la tragedia paraguaya como algo natural a nuestra prosapia.<br/><br/>