Correo Semanal

En busca de la India Juliana

Retratada como la primera heroína indígena guaraní feminista contra la opresión colonizadora de los europeos, la figura de Juliana se ha debatido entre la historia y la leyenda. Un álbum de cómic le pone rostro y le devuelve su nombre original: Arapy.

Andrés Colmán Gutiérrez
Escritor

Existió realmente la India Juliana o es solamente una heroína de leyenda, como quizás la princesa Anahí, quemada en el fuego por su rebeldía, o el indio Francisco, el que talló la primera imagen de la Virgen de Caacupé?

La búsqueda de su verdadera identidad remite a versiones diversas y contradictorias en las fuentes bibliográficas, aunque en su mayoría coinciden en que fue quizás la primera heroína indígena guaraní feminista, rebelde contra la cultura machista y patriarcal, que desmiente la edulcorada historia oficial sobre la conquista española en el Paraguay, esa que asegura que aquí no hubo revueltas, que todo fue armónico, que los caciques cedieron generosamente a sus mujeres a los colonizadores, y que todos se volvieron parientes y vivieron felices y comieron perdices, o mandioca.

Hoy existen calles que llevan su nombre, al igual que grupos culturales y organizaciones feministas, escuelas, bibliotecas y centros de promoción de la mujer. Se la porta como estandarte en las marchas de mujeres del 8 de marzo y del 25 de noviembre.

Pero… ¿existió realmente?

Las diferentes Julianas

En el cuento Primeras Letras, Jueves Santo, 1539, Helio Vera describe a Juliana como una de las “indias” dadas como concubinas al capitán español Juan de Salazar, el fundador de Asunción en 1537. Aquí Juliana es una delatora, una traidora a su pueblo, una Malinche guaraní que alerta a Salazar sobre una rebelión de los Karios, que gracias a eso es sofocada a sangre y fuego.

En su relato ¡Arde Juliana, arde!, Gloria Muñoz también sitúa la historia un Jueves Santo, esta vez en 1540, pero aquí Juliana es la concubina de un español llamado “don Juan”. Ella enciende la rebelión de las mujeres indígenas contra sus maridos, pero las demás se echan atrás. Los soldados españoles la arrestan y la queman en la hoguera, en la plaza pública.

La versión del historiador Roberto A. Romero, en su libro La Revolución Comunera del Paraguay, sitúa el episodio en 1542: “Las mujeres guaraníes protagonizaron la gran conspiración contra los colonizadores españoles, dirigida por la india Juliana, en el año 1542. Ella mató a su marido español Ñuño Cabrera y salió a recorrer las calles de la ciudad, incitando a las nativas a que hicieran lo mismo con sus esposos europeos para terminar con todos los conquistadores. La conspiración fue dominada y Juliana fue condenada y ejecutada por orden del adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. La heroína guaraní murió en la horca”.

En busca de la Juliana real

El dato más relevante sobre la existencia real de una mujer indígena llamada Juliana se encuentra en los apuntes del conquistador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca, un personaje de por sí legendario. Nombrado segundo adelantado del Río de la Plata, llegó a la costa de Brasil en enero de 1541 y avanzó con una expedición por tierra hasta Asunción. Fue el primer europeo en observar las majestuosas Cataratas del Yguazú y se lo considera el “descubridor” (aunque los nativos ya las habían descubierto mucho antes).

Cabeza de Vaca llegó a Asunción el 11 de marzo de 1452. El gobernador en funciones, Domingo Martínez de Irala, tuvo que entregarle el mando a regañadientes, ya que se encontraba preparando una expedición en busca de su anterior jefe, Juan de Ayolas, pero el recién llegado le ordenó que no lo hiciera.

Entre las cuestiones pendientes, Cabeza de Vaca encontró con el caso de Juliana, una india que había matado a su concubino español, Ñuño de Cabrera. Lo cuenta en los apuntes recopilados en el libro Relación de los Naufragios y Comentarios de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca.

Allí se lee, textualmente: “…al tiempo que llegué á la dicha provincia fuy ynformado que una yndia llamada Juliana, natural de la dicha tierra, avia dado ponzoña a un crystiano llamado Ñuño de Cabrera, y que Domingo de Yrala la avia tenido presa é abia hecho proceso contra ella, é abiendo comprobado el delito por confision de la dicha Juliana, diciendo que por celos que avia tenido del dicho Nuño de Cabrera le abia dado ponzoña con que muriese”.

Cabeza de Vaca agrega que Juliana reclamaba a las otras mujeres indígenas que hagan lo mismo que ella. Él la mando apresar nuevamente. “Mi alcalde hizo justicia della, porque demas de merecerlo convino para quitar el atrevimiento que otras no se atrebiesen á semejantes casos”, indica.

De allí surgieron distintas versiones. Oscar Creydt, en su obra Formación Histórica de la Nación Paraguaya habla de “la sublevación de las mujeres siervas bajo la jefatura de la India Juliana, quien murió como heroína, ajusticiada”. La historiadora Idalia Flores de Zarza también narra la sublevación y el ajusticiamiento de Juliana, asegurando que fue condenada y ahorcada por orden de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Gabriela Schvartzman dice que la mayoría de los relatos coinciden en el carácter rebelde de la India Juliana. “Difieren en detalles, como las fechas de los hechos (entre 1539 y 1542), cómo ella da muerte a su marido o la forma en que es ajusticiada, pero el núcleo del relato es el mismo, a saber, mató a su marido e instó a otras mujeres a hacer lo mismo, por lo que fue apresada y luego ajusticiada como aleccionamiento para que otras mujeres indígenas no sigan su ejemplo. Por otro lado, el relato de Juliana como traidora de su pueblo o enamorada de su opresor pareciera no tener fuentes históricas respaldatorias, por lo que se constituiría en una ficción portadora de un discurso colonialista y patriarcal”.

La versión del cómic

India Juliana es el título de un álbum de cómic, editado recientemente por la Editorial Servilibro, en el marco de la colección Mundo Guaraní. Con guion de la escritora, docente y traductora María Gloria Pereira, con dibujos de Daniel Ayala Medina (ADAM), la obra le pone rostro y mejor carnadura a la historia de Juliana, además de devolverle su presunto verdadero nombre guaraní: Arapy.

El aporte más valioso es que María Gloria desarrolla con mucha solvencia el contexto en que emergió la acción de Juliana-Arapy, con la descripción de lo que se denominó históricamente como “el paraíso de Mahoma”, un régimen de esclavitud laboral y sexual al que eran sometidas las mujeres indígenas por los conquistadores españoles, y en muchos casos por sus propios líderes.

Tras describir el proceso en que es ajusticiada en la horca, escribe la autora: “Murió Arapy, la India Juliana. Su muerte es la muerte de una heroína. Su consigna de ‘Jajuka ñane ménape’ (matemos a nuestros maridos) era clara: librarse de los colonizadores para volver a abrazar su teko, su modo de ser, su vida”.




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