Tal vez sería mejor decir utilidad de las medias verdades, como instrumento para sobrevivir. Sobre todo: como forma de autoengaño, nutriente de juicios falseados. Cualesquiera sean los títulos o modos de expresión, la cuestión es que la semiverdad, como ocultamiento de la realidad, se ha hecho experiencia vital en la política nacional. No es la mentira total o, lo diríamos, con el ?puño levantado? ?no se miente a boca llena?, sino mentira a medias, con ese tufillo de mala conciencia.
En algunos casos, sin embargo, la justificación de lo afirmado se vuelve patética: se dice que se dicen cosas sabiendo que no son toda la verdad, pero se las dice a medias, con tal de salvar acuerdos y alianzas que, se vuelve a insistir, si se fuera transparente, no se sostendrían. Por ejemplo, el acuerdo de la chapa presidencial Lugo-NN (PLRA) no ha sido denunciado abiertamente como engaño, inmoralidad manifiesta, maniobrerismo, pokarê por los afectados, sino que los mismos ?patriaqueridistas y colorados ?éticos?? han utilizado un lenguaje tal que el mismo no hiera las sensibilidades ?concertacionistas?. Sólo medias verdades; por ejemplo lo de ?eso no es lo que se acordó?, esperemos que se retracten y reconsideren el caso, como aspirando a un arrepentimiento piadoso, a un hecho que ?si entraña la violación de un contrato? es sencillamente inmoral. Pero no se quieren ?quemar? puentes con los maniobreros sino, al contrario, los mismos siguen tendidos.
Pero si las medias-verdades en el caso precedente son llamativas, lo es aún más la relación de sectores concertacionistas con el ahora árbitro ?pareciera ser? de la política nacional: el coloradismo ?ético? ?lo que no deja de ser una contradicción? o más bien Oviedo. Por un lado, el patriaqueridismo habla con ellos, pero no quiere ?aliarse?, estar juntos pero no abrazados. No se dice abiertamente, pero se implica en gestos. Es que, ¿para qué arriesgarse a decir toda la verdad?
El candidato único e indiscutido de la Concertación ?Lugo? incluso va más lejos; la chapa estaría cerrada para los que tienen menos votos ?patriaqueridistas? (esto no lo dice, solo lo enuncia elípticamente), pero no lo está con el oviedismo (porque tiene muchos más votos, que tampoco lo dice) justificando finalmente con otra media-verdad (Oviedo es un ?perseguido político?). Así, Lugo da apertura al ?diálogo?: se puede hablar de candidaturas. Lo de Oviedo ?perseguido político? sí que es llamativo, por decir lo menos, una verdad a medias. ¿Perseguido? Tal vez habría que ayudarles a dar un espolique a la falta de memoria. ¿Se olvida la manipulación de urnas para Wasmosy en las internas en tiempos de Rodríguez?
El tema que nos ocupa y nos preocupa es la forma de hacer política: el hablar con medias-verdades con la pretensión ?falsa? de que las mismas posibiliten un diálogo entre actores, pues se cree que la verdad hecha y derecha les va a hacer enojar. Lo que implica una desconfianza en el otro ab-initio: no se dice toda la verdad, pues se asume que el otro tampoco lo hace. El punto de partida es el de la desconfianza: como nadie dice realmente todo lo que es, o como son las cosas, el resultado es el desgano, la pasividad y el fatalismo de la ciudadanía hacia políticos que no pueden llamar pan al pan y delincuente al político.
Seamos claros: la verdad política es pública, después de todo, es vital: la transparencia en la palabra y los gestos es lo que salva a las sociedades del caos, de la confusión de no plantear las cosas como son. Decir a medias las cosas es mentir sabiendo que no es toda la realidad; es más, esconde una inseguridad en los actores de que el decir como las cosas son, haría que los acuerdos políticos se desmoronaran. Lejos está ello de la verdad: la verdad de las cosas y actos genera confianza, la gente sabe a qué atenerse y en quiénes realmente creer. El resto, el de la media-verdad es un juego de adivinanza, un trágico ajedrez político que solo beneficia a los que ya están de alguna manera rotando en torno al poder. Solo la transparencia es republicana, es de todos, pues todos somos gobierno, todos somos responsables, todos somos, en ultima instancia, ciudadanos.