Editorial

Eligio Ayala, un espejo en el que debería mirarse la clase política

En su último día al frente del Poder Legislativo, el senador Blas Llano inauguró hace unos días la plaza frente al Congreso Nacional, denominada Presidente Eligio Ayala, en honor del ex presidente de la República. La estatua que fue ubicada en el lugar podría funcionar como un permanente recordatorio para los políticos paraguayos. Considerado uno de los mejores presidentes del Paraguay, Ayala dejó tras de sí un testimonio de integridad y honestidad y debería convertirse en un ejemplo para todos los paraguayos. Pero sobre todo y especialmente debería ser el principal referente para la clase política, que haría tanto bien al país al emular su ejemplo de honestidad.

l nombre de Eligio Ayala está presente en rimbombantes discursos, mas su testimonio de vida es desoído por la clase política.

Tuvo formación intelectual, estudió en Europa y escribió libros. Como ministro de Hacienda realizó gestiones claves para el ordenamiento de las finanzas de la República. Fortaleció Aduanas, bajando impuestos para evitar el ingreso ilegal de productos. Fue presidente del Congreso, organismo que luego lo designó como presidente de la República.

Uno de los aspectos fundamentales para la historia del país ha sido que Ayala, siendo liberal permitió que los colorados preparen una reforma electoral. Gracias a esto, por primera vez en la historia del país se presentaron en elecciones dos candidatos de partidos diferentes, en 1928. Además, su gestión fue clave para la victoria del Paraguay en la Guerra del Chaco con Bolivia, ya que su administración permitió juntar recursos necesarios para la defensa del Chaco. Todo su gobierno se basó en preparar al país para esa guerra: durante su mandato se habilitó la Facultad de Ingeniería; una misión francesa de médicos instruyó en técnicas como cirugía de guerra; se prepararon los cañoneros, se compraron aviones, etc.

En 1915, en Suiza, Eligio Ayala escribió un artículo que tiene más vigencia que nunca. “Para fabricar salchichas se requieren aptitudes especiales; para ser legislador o ministro del Paraguay el talento y los conocimientos son superfluos. La preparación, el carácter, la honestidad a veces estorban. Valen más ciertas contorsiones y genuflexiones del cuerpo que 20 años de estudio, que la decencia y la probidad.

Los que ocupan los puestos públicos creen saber todo, se creen aptos para todo, pierden la conciencia de la propia ineptitud. En el Paraguay para brillar con reputaciones falsas basta ser diputado, senador, o ministro. Luego, es lógico que la pasión dominante sea la de adquirir esos puestos y conservarlos y que para eso en vez de estudiar, de prepararse y dignificarse, se anule se intrigue o se implore servilmente. Por esta razón la mayor parte de los que ejercen los elevados cargos políticos son los verdaderos arribistas petulantes. Todas las magistraturas han sido profanadas por la inepcia más franca y por la nulidad más absoluta. Así se han llenado el Parlamento y los ministerios de aprendices, que se instruyen en almanaques del año pasado y destrozan la equidad económica nacional con sus caóticos y torpes ensayos legislativos”.

El Paraguay vive tiempos convulsos. La pandemia permite que aflore lo mejor y lo peor de cada uno; pero es la ciudadanía quien destaca por su compromiso y su paciencia. Los políticos y funcionarios públicos no han estado a la altura ni de las expectativas ciudadanas ni de las exigencias de sus cargos. Faltos de integridad; cómplices y encubridores de la corrupción, una vez más han optado por la impunidad.

En tiempos como los que vivimos se hace más necesario que nunca recordar que el Paraguay tuvo estadistas, políticos con formación intelectual, con vocación de servicio, personas íntegras y honestas; políticos con una visión estratégica de desarrollo para el país. Más que nunca vale la pena rescatar la memoria de Eligio Ayala, para que este sea el referente ciudadano y un espejo en el que se mire, alguna vez, nuestra clase política.

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