11 abr. 2026

Electoralismo, soja y campesinos

Por Alberto Acosta Garbarino
aacosta@dende.org.py
Durante la semana que termina, dos temas que ocuparon los titulares de los diarios fueron: uno, el ataque populista y demagógico del presidente Duarte Frutos al sector sojero; y, el otro, la marcha de los campesinos que vinieron a Asunción para reclamar al Gobierno por numerosas promesas incumplidas y por su excesivo electoralismo.
También durante la semana tuve la oportunidad de participar en una interesante reunión con el Dr. Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard, en la cual él comentaba que es un error mezclar la política agrícola con la política campesina.
La política agrícola debe tener como objetivo el desarrollo del sector, donde cada vez es más importante la tecnología que permite mejorar la tierra, las semillas y las técnicas de cultivo.
El uso de estas tecnologías también requiere cada vez más de grandes extensiones de tierra y de un uso intensivo de maquinarias costosas y sofisticadas.
Una política de desarrollo agrícola debe estimular esta agricultura empresarial, porque el Paraguay tiene en este sector importantes ventajas competitivas. Por supuesto, esta política agrícola debe estar en armonía con la política ambiental y la política social.
En el tema social, el problema son los campesinos que viven en pequeñas parcelas y que no tienen ni el capital, ni el conocimiento, ni la extensión de tierra necesaria para una agricultura moderna y empresarial.
Pero son nuestros compatriotas y debe existir una política campesina que atienda su problemática, que en el fondo es la falta de trabajo.
¿En el Paraguay existen una política agrícola y una política campesina? Si existiera, ¿quién es el responsable de llevarlas a cabo?
Recuerdo que una vez el Dr. Arsenio Vasconsellos me dijo: “En el Paraguay todo lo que ocurre desde Calle Ultima para afuera es responsabilidad del Ministerio de Agricultura y Ganadería”.
En el Paraguay no solamente no existe una separación de la política agrícola de la política campesina, sino que el organismo responsable de las mismas debe atender cualquier tipo de problema que se presente en el campo.
Para empeorar las cosas, este Ministerio es uno de los más politizados y es común que, de acuerdo a los vaivenes electorales del momento, se cambie al ministro de turno.
En los 17 años de transición democrática hemos tenido 16 ministros de Agricultura, lo cual nos da un promedio de casi un ministro por año. ¿Cómo podemos pedir que este Ministerio tenga algún tipo de política hacia los sectores que tiene que atender?
Con el gobierno de Duarte Frutos la situación ha empeorado, por no decir que ha sido catastrófica.
Por ejemplo, en marzo del 2006 el ministro de Agricultura era Gustavo Ruiz Díaz, en abril asumió Carlos Santacruz, en agosto fue reemplazado por Ricardo Garay y en este momento el ministro es Alfredo Molinas. ¡En un año cuatro ministros!
En el Paraguay se meten en una sola bolsa todos los problemas que existen en el sector rural. No existen políticas para tan importante sector y el Ministerio responsable del área cambia de ministro cada 3 meses por razones electorales.
La verdad es que tienen razón los campesinos en protestar contra el electoralismo en que vive nuestro país.
Este electoralismo no solamente se olvida de buscar soluciones a los graves problemas sociales que nos aquejan, sino además en forma irresponsable ataca, descalifica y ofende a los pocos sectores eficientes de nuestra economía.
Yo me pregunto: si los que se llaman políticos solo se dedican a los temas electorales y se olvidan de gobernar y, consecuentemente, de fijar políticas, que son la esencia de su función, ¿son realmente políticos?

(*) Presidente de Desarrollo en Democracia.