29 sept 2026

El trabajo cambió la vida de 30 mujeres del Bañado Tacumbú

Luego de permanecer sumidas en una vida de violencia doméstica y postergaciones personales, un grupo de mujeres organizó una panadería en la humilde zona de la ribera. La lucha emprendida ya tiene sus frutos.

Por Patricia Cañete
patriciac@uhora.com.py
Como manera de encontrar un apoyo emocional para las mujeres que en silencio soportaban el martirio de la violencia doméstica, Vicenta Rodríguez, pobladora del Bañado Tacumbú –en Asunción– inició un proyecto de empleo alternativo, creando una panadería en la zona.
Superando las limitaciones económicas y los temores ante el desafío de empezar una nueva vida, este grupo femenino logró concretar el ambicioso proyecto, y hoy, gracias a ello, unas treinta mujeres son el sostén económico de sus familias.
“Me llamaba poderosamente la atención la cantidad de repartidores de pan que entraban en la zona y entonces dije: ‘Por qué nosotras no producimos lo que se está comprando de otro lado?’”, recordó Vicenta y desde ese momento emprendió una lucha por conseguir el apoyo humano y económico requeridos para el emprendimiento. El acompañamiento lo recibió de varias organizaciones y personas solidarias.
Tras varias reuniones, un pequeño grupo se dedicó a la venta de galletitas, con lo que lograron habilitar la panadería en una pieza con un tatakua.
Hoy elaboran los panificados en un local más amplio y con maquinarias modernas. La producción diaria supera los 600 kilos, y las ganancias ya se traducen en el pago de un salario a cada trabajadora.
Ahora, ya dejaron de lado la dependencia económica de sus esposos o concubinos y se sienten “liberadas”, coincidieron en afirmar, mientras no dejaban de amasar el pan que despedía un suave aroma.

NECESIDADES. “En el barrio hay muchas necesidades que afectan a la mujer y a sus familias. Todo está relacionado con el alcohol y la falta de trabajo, y eso trae violencia en las casas. Esa situación es la que queremos cambiar”, explicó Vicenta.
Ahora, ya estabilizadas y con mucha firmeza, disfrutan del fruto de su trabajo. “Me gusta porque acá me olvido de todo, no me gusta estar en mi casa”, manifiesta sincera Fulgencia López de 58 años. Ella dejó a un lado el sufrimiento de vivir con un marido alcohólico y se dedica a cuidar de su vida. “Ya no quería seguir así y me alejé de él. Ya me cansé”, asegura contenta.
La pionera del grupo es Estela Medina de 45 años. Con diez hijos y una larga vida de violencia también logró superar esa difícil situación con apoyo de todas las compañeras de la organización denominada Amucoes. (Asociación de Mujeres co-escucha)
Las posibilidades de empleo en la asociación se han ampliado. Actualmente trabajan en artesanía, se dedican al cotillón o la elaboración de empanadas. En breve, estará habilitada la guardería para los hijos de las trabajadoras y una pequeña biblioteca en el local.

Vicenta Ferreira (47): “Fue difícil empezar”
“Yo sufrí mucho con mi marido (la maltrataba) y fue difícil salir de eso y empezar de nuevo. Me siento muy bien con lo que estoy haciendo”, indicó Vicenta, que ahora, tras dejar a su pareja, se dedica a cuidar de sus ocho hijos. “Todos mis hijos estudian e incluso tengo universitarios que van a ser profesionales”, contó orgullosa la mujer. “Antes yo era muy callada y no me animaba a nada, hoy ya no soy así”, indicó.

Juliana Toledo (48): “Me siento muy bien”
“Necesitaba trabajar y acá me ayudaron mucho y nos apoyamos en todo. Tengo una mamá que cuidar y una de mis hijas está en la universidad. Soy madre soltera y así saqué adelante a mis hijos que tienen la posibilidad de estudiar y salir adelante. Me gusta lo que hago porque me siento bien y espero seguir así por mucho tiempo”, puntualizó.