El campeón no varió en su estructura y repitiendo patrones de juego solo dispuso de cambios puntuales por suspensiones, optando siempre por las mismas características para la modificación sin salir de su repertorio. El Ciclón fue un gran y justo campeón porque siempre confió en sus armas, apostó a un proyecto en medio de la tormenta de una eliminación copera y supo invertir el tiempo de tregua para fortalecer sus virtudes y falencias.
La aparición de Alexis Duarte fue clave, llevándose los honores como la revelación del torneo. El joven defensor se consolidó con alto desempeño, siendo primero una solución de emergencia, pero luego se ganó el puesto a fuerza de soberbias actuaciones. El buen posicionamiento, la salida clara y la optimización de sus recursos como el anticipo son dotes que permitieron al Pulpito imponerse ante rivales de jerarquía, claves, anulando a internacionales de selección, tales como Tacuara, Bobadilla o Roque.
En el medio, Villasanti que sorteó una polémica previa caliente (por quebrantar la cuarentena antes del reinicio del torneo), tomó la capitanía de un equipo a la deriva y encontró su dupla ideal con Cardozo Lucena. La asociación permitió al Ciclón la alternancia en la zona para apoyar a las otras líneas sin romper el esquema. Entre los extremos, Federico Carrizo tuvo un repunte en su juego, sumando a su repertorio condiciones de asistidor, al igual que Claudio Aquino que le agregó definición a su gran despliegue técnico, mientras que Enzo Giménez se adueñó de la banda derecha, pieza clave, por donde el Ciclón desarrolló gran parte de su libreto ofensivo. La versatilidad marcó el ritmo del juego azulgrana y su aporte fue más allá de lo táctico, ya que se hizo sentir con goles claves.
La experiencia de Muñoz fue la base con la que se sostuvo todo el esquema. La seguridad que trasmitió hizo que la última línea sea garantía para ir edificando un estilo sin miedos. Al despliegue de Patiño, que por momentos fue el motor que empujó al equipo en ataque, se sumó la función de los laterales (Espínola y Arzamendia) que con una sociedad que hasta por momentos se desempeñó de memoria, se ocuparon de copar ambos extremos. En punta, lo de Churín fue formidable, quien con un trabajo táctico y recorrido superior, marcó los tiempos con movimientos inteligentes, acompañado con la calidad del goleador.
Otros aportes fueron los de Óscar Ruiz, Josué Colmán, Marcelo Palau, y los canteranos de proyección, como Ronaldo Martínez, Alan Rodríguez y Delvalle, entre otros.
La fórmula que planteó el Ciclón en su segunda etapa del torneo fue de dos líneas de 4, cuando le tocó defender, modelo que se transformó en 3 en rol ofensivo. Los laterales siempre fueron soportes de ataque, mutando la última zona con la figura del líbero, con un volante ocupando ese espacio. La posesión permitió al Azulgrana ganar en número en el medio sector con los volantes bien abiertos, cediendo campo para la proyección, ya sea en diagonal o por punta de los laterales, y la figura se transforma en 3/5/1. Difícilmente buscó saltar líneas, por lo que el planteo se sostuvo siempre con el control.
Por las situaciones generadas, su protagonismo y volumen de juego, Cerro fue un justo dueño a lo largo de la competencia, con sobriedad y contundencia para sentenciar con justicia luego de una estupenda rueda en la que derrotó a todos sus rivales, un récord más en el currículum de un gran estratega, como lo demuestra ser, a fuerza de grandes victorias, Francisco Arce.